Yitró 2026 (VIDEO) / Hoy conocerás el origen del odio a la Torá

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Revelación, resistencia y distorsión doctrinal

La Torá ocupa un lugar único en la historia de la civilización occidental. No es simplemente un texto religioso ni un antiguo código legal. Es una revelación normativa que introduce una forma de vida, una estructura de sentido y una autoridad trascendente que no depende del poder político ni del consenso cultural.

Precisamente por eso, la tradición rabínica sostiene una tesis tan incómoda como reveladora: cuando la Torá fue entregada en el Sinaí, descendió también el odio. No se trata de una metáfora poética ni de una lectura tardía, sino de una afirmación explícita del pensamiento rabínico clásico que funciona como clave interpretativa para comprender la reacción del mundo antiguo —y moderno— frente a la Torá.

Este estudio analiza el fenómeno en tres niveles:

  1. el odio a la Torá en el mundo antiguo occidental;
  2. su transformación en odio doctrinal dentro del cristianismo;
  3. y, finalmente, la pregunta fundamental: qué es realmente la Torá.

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I. El Sinaí y el origen del “odio” según la tradición rabínica

El Talmud Bavli, en Shabat 89a, plantea una pregunta aparentemente simple: “¿Por qué se llama Sinaí?”. La respuesta es contundente: “Porque de allí descendió el odio (siná) hacia las naciones”.

El pasaje establece un juego etimológico deliberado entre Sinaí y siná (odio). Los sabios no afirman que la Torá genere odio como valor moral, sino que la revelación de una verdad absoluta provoca una resistencia estructural en quienes no la aceptan.

El Midrash Rabá, en Shemot Rabá, desarrolla esta idea: la entrega de la Torá produce una ruptura ontológica. A partir del Sinaí, el mundo deja de ser neutral. La Torá introduce una separación espiritual que no depende de etnia ni geografía, sino de la relación con la verdad revelada.

Comentando este pasaje, Rashi es tajante: “Odio descendió sobre las naciones del mundo”. No se trata de odio psicológico individual, sino de una hostilidad estructural hacia la Torá y lo que representa.

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II. El odio a la Torá en el mundo antiguo occidental

1. Grecia: nomos contra revelación

El mundo griego introduce una concepción de nomos ligada a la polis, la razón humana y la educación cívica (paideia). La Torá, en cambio, se presenta como ley revelada, no negociable ni derivada del consenso. Este choque genera una tensión permanente: mientras hubo tolerancia cultural, la convivencia fue posible; cuando el helenismo buscó uniformidad, la Torá se volvió un obstáculo.

2. Janucá: guerra contra la Torá, no solo contra el Templo

El relato de Janucá muestra con claridad que el conflicto no fue meramente político. Los decretos helenísticos apuntaron a hacer olvidar la Torá, prohibiendo prácticas clave como Shabat, circuncisión y estudio. La estrategia fue precisa: no destruir al pueblo, sino desactivar su constitución espiritual. Por eso, Janucá se recuerda como una guerra por la Torá, no solo por la soberanía.

3. Roma: de la tolerancia pragmática a la anulación jurídica

Roma fue pragmática en ciertos períodos, pero cuando la lealtad a la Torá entró en conflicto con la lealtad imperial, la tolerancia se quebró. Autores romanos describieron a los judíos como “separatistas” o misanthropoi, categorías que prepararon el terreno para medidas coercitivas. Con Adriano, el conflicto alcanzó su punto crítico: restricciones a prácticas centrales y la reconfiguración simbólica de Jerusalén para reemplazar un orden normativo por otro.


III. El odio doctrinal a la Torá en el cristianismo

1. Del movimiento judío al sistema gentil

El cristianismo nace dentro del judaísmo, pero se desarrolla mayoritariamente en contextos griegos y romanos. En ese proceso, la Torá comienza a ser percibida como un problema teológico. El rechazo no se expresa inicialmente como odio abierto, sino como abolición doctrinal, degradación teológica y reemplazo identitario.

2. Jesús y la Torá: continuidad afirmada

En Mateo 5:17–19, Jesús declara explícitamente que no vino a abolir la Torá y advierte contra quien relaje sus mandamientos. El texto afirma continuidad y seriedad normativa “hasta que pasen el cielo y la tierra”. Las lecturas que convierten “cumplir” en “anular” no nacen del texto, sino de marcos doctrinales posteriores.

3. Pablo y la Torá: una tensión mal leída

Pablo afirma sin ambigüedades que “la Ley es santa, justa y buena” (Romanos 7:12) y que “la Ley es buena, si se la usa legítimamente” (1 Timoteo 1:8). Su conflicto no es contra la Torá, sino contra la imposición de marcadores identitarios judíos a gentiles como condición de pertenencia. Al perderse esta distinción, Pablo es presentado erróneamente como enemigo de la Torá.

4. De Marción al supersesionismo

Marción representa la ruptura radical: separar al Dios de la Torá del Dios del Evangelio. Aunque fue declarado hereje, su impulso —oponer Ley y gracia— permeó la historia cristiana. El supersesionismo institucionalizó la idea de que la Iglesia reemplaza a Israel, lo que implica la desvalorización de la Torá como algo “superado”, alimentando un anti-judaísmo doctrinal de consecuencias históricas graves.


IV. ¿Qué es realmente la Torá?

1. El error de traducir “Torá” como “ley”

Traducir Torá como nomos o lex introduce categorías ajenas al pensamiento bíblico. La Torá no es un código estatal coercitivo. Para comprenderla, es necesario distinguir sus componentes internos.

2. Términos fundamentales

  • Jok / Jukim: decretos inscritos en el orden divino, no deducibles racionalmente.
  • Mishpatim: normas de justicia comprensibles.
  • Mitzvot: mandamientos como encomiendas relacionales.
  • Halajá: el “caminar”, la aplicación viva de la Torá.
  • Gezerot: decretos preventivos rabínicos.
  • Takanot: regulaciones correctivas para nuevas realidades.

Esta diversidad muestra que la Torá no es monolítica, sino una arquitectura integral de vida.

3. Etimología de Torá: dar en el blanco

Torá proviene de la raíz yarah: apuntar, dirigir, dar en el blanco. La Torá es instrucción orientadora, no mera imposición legal. El pecado (jet) es “errar el blanco”; la Torá existe para alinear la vida con su finalidad correcta.


Conclusión

El recorrido revela una coherencia profunda:

  • En el Sinaí, la Torá introduce verdad revelada y, con ella, resistencia.
  • En el mundo antiguo, los imperios occidentales intentan neutralizarla.
  • En el cristianismo, el rechazo se vuelve doctrinal.
  • Finalmente, se comprende que gran parte del odio nace de no entender qué es la Torá.

La Torá no es simplemente “ley”.
Es instrucción.
Es camino.
Es orientación al blanco correcto.

Y por eso, desde el Sinaí hasta hoy, no deja indiferente a nadie.

Abel
Abelhttps://lamishna.com
Abel Flores es un periodista e investigador especializado -por más de 20 años- en la intersección entre la historia sagrada y los misterios metafísicos. Su trabajo profundiza en la Mishná, la Biblia y la Kabalá, explorando los códigos, contextos y dimensiones ocultas que conectan la tradición bíblica y rabínica con la evolución espiritual y filosófica del mundo. Combina rigor académico con una mirada crítica y analítica, revelando los vínculos entre teología, religión, poder y conocimiento ancestral.
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