“Antes de toda creación, la Luz Infinita llenaba todo. No había lugar vacío.”
— Isaac Luria (Etz Ḥayim)
1) Contexto histórico y corpus
Safed (Tzfat), ca. 1570–1572. Isaac Luria (1534–1572) reordena la tradición cabalística post-zohárica con una cosmología nueva que marcará a todo el judaísmo místico posterior. Su legado llega casi exclusivamente por Ḥayyim Vital, quien se declara su intérprete principal tras la muerte del Arí y organiza las enseñanzas en el Etz Ḥayim (Árbol de la Vida) y en los Shemona She’arim (Ocho Puertas)—el armazón doctrinal de la escuela luriánica.
2) Arquitectura metafísica: de Ein Sof a los mundos
La teoría luriánica introduce una dinámica cosmogónica en tres momentos:
(a) Tzimtzum (contracción/retirada del Infinito), (b) Shevirat ha-kelim (quiebre de las vasijas) y (c) Tikkún (reparación). Esto explica cómo un Dios infinito (Ein Sof) “hace lugar” a lo finito, cómo se produce un colapso ontológico que dispersa chispas de luz, y por qué la historia humana está llamada a restaurar el orden. Es el tríptico que define a la Cábala luriánica.
Tzimtzum, Rešimú y Kav. Luria describe una retracción del Ein Sof que deja un “residuo” (rešimú) y un “rayo” (kav) de luz que reingresa al “hueco” para iniciar la emanación. Esta precisión (rešimú/kav) es distintiva del sistema luriánico.
Olamot (mundos) y Adam Kadmón. La emanación progresa en Adam Kadmón y los Cuatro Mundos: Atzilut, Beriá, Yetzirá, Asiyá, con grados decrecientes de divinidad y creciente ocultamiento. Este encadenamiento organiza toda la ontología y la liturgia cabalística posterior.
“Dios se contrajo para dejar espacio al mundo.”
— Formulación de la doctrina del Tzimtzum según Ḥayyim Vital
3) Shevirá y el problema del mal
La Shevirat ha-kelim narra la incapacidad de ciertas “vasijas” para contener la luz que fluye, ocasionando su ruptura y la caída de nitzotzot (chispas divinas) en ámbitos de “cáscaras” (kelipot). El mal se comprende como desorden y exilio de la luz, no como entidad autónoma. La historia y la práctica religiosa se orientan a recolectar y elevar esas chispas.
4) Tikkún: la economía de la reparación
Tikkún es el plan teúrgico de rearmar la armonía: a través de mitzvot, kavanot (intenciones contemplativas), yijudim (unificaciones de nombres), oración y ética, el humano coopera con la reintegración de la luz dispersa. En Luria, el tikkún es primordialmente metafísico-cosmico (restauración de mundos) con efectos éticos y comunitarios.
5) Sefirot, Partzufim y dinámica psico-teúrgica
Luria relee las diez sefirot como configuraciones de rostros (partzufim) con relaciones parentales y madurativas (ibur, yeniká, mojín): Arij Anpín (Voluntad/Macroprosopo), Abba (Jojmá), Imma (Biná), Ze’ir Anpín (seis midot) y Nukvá/Malkhut (Shejiná). Esta “dramatización” explica flujos de consciencia divina y ciclos litúrgicos.
“El Infinito se oculta, pero nunca se ausenta.”
— Interpretación jasídica del Tzimtzum
6) Práctica luriánica
- Kavanot y yijudim: fórmulas de intención para oración y mitzvot, muchas fijadas por Vital en Etz Ḥayim y Pri Etz Ḥayim.
- Calendario y ritos: fuerte énfasis en Shabat y en la unión Ze’ir–Nukvá como paradigma de reparación.
- Ética del lenguaje y del acto: cada palabra/gesto afecta circuitos de luz.
(Para la base textual de estas prácticas, véase la edición y descripciones del Etz Ḥayim.)
7) Debates clásicos: ¿literalidad del tzimtzum?
Desde el siglo XVII hay disputa sobre si el tzimtzum es literal (vaciamiento “real” de presencia) o no-literal (ocultamiento/contracción en el modo de manifestación sin ausencia de Dios). Lecturas mitnagdí/filosóficas advierten que un literalismo implicaría “un lugar sin Dios”, algo teológicamente problemático; corrientes jasídicas (p. ej., Jabad) lo entienden como hester (ocultación) sin cambio en la esencia divina.
8) Antropología y reencarnación
El alma participa del drama cósmico: gilgul (transmigración), ibur (impregnación) y tikkun ha-nefesh articulan la biografía espiritual con la reparación de chispas vinculadas a cada persona y comunidad, una de las aportaciones más influyentes del sistema. (Tratado en Etz Ḥayim y la escuela vitaliana.)
“El universo no fue creado una vez, sino que se crea en cada instante.”
— Inspirada en la lectura dinámica del proceso de emanación continua
9) Influencias históricas
- Jasidismo (s. XVIII): hereda la dinámica de partzufim, la centralidad de tikkún y de la devekut (adhesión) pero los reinterpreta devocionalmente, popularizando motivos luriánicos. La literatura académica discute cuánto y cómo (Scholem vs. Idel; síntesis más matizada en estudios recientes).
- Mesianismos (Sabatianismo, s. XVII): Scholem propuso un nexo fuerte entre Lurianismo difuso y clima mesiánico; investigaciones posteriores matizan la difusión efectiva de textos luriánicos anteriores a 1665 y relativizan ese vínculo.
10) El “Árbol de la Vida” como mapa
En Luria, Etz Ḥayim ya no es solo el diagrama sefirotico medieval: es la arquitectura completa del proceso—desde Ein Sof → Tzimtzum → Rešimú/Kav → Adam Kadmón → Mundos → Shevirá → Tikkún—y un manual de navegación litúrgica para insertar la vida humana en ese proceso. Es el marco total de ontología, teología, práctica y soteriología luriánicas.
“El Árbol de la Vida no está en los cielos, sino dentro del alma que comprende.”
Glosario esencial
- Ein Sof: el Infinito, sin atributos.
- Tzimtzum: contracción/ocultamiento primero que posibilita lo finito.
- Rešimú / Kav: residuo y rayo de luz que fundamentan la emanación.
- Adam Kadmón: primer “hombre” arquetípico/estructura primordial.
- Shevirat ha-kelim: quebranto de vasijas; caída de chispas.
- Tikkún: reparación y reintegración cósmica.
- Partzufim: configuraciones “personificadas” de las sefirot.
Síntesis
- Teoría del proceso cósmico: El Infinito se contrae (tzimtzum), la luz desborda y rompe recipientes (shevirá), y la historia humana coopera en la reparación (tikkún).
- Mapa total (“Árbol de la Vida”): integra ontología (Ein Sof→mundos), teodicea (mal como desorden), liturgia (kavanot/yijudim) y ética (cada acto eleva chispas).
- Recepción: Matriz de jasidismo y de debates sobre literalidad del tzimtzum; su influjo mesiánico fue real pero heterogéneo y discutido.
