Una frase célebre y representativa del pensamiento que encarna Los cristianismos derrotados —formulada por el propio Antonio Piñero en entrevistas y conferencias donde explica su obra:
“El cristianismo no nació uno, sino múltiple; fue una lucha de interpretaciones en la que triunfó una sola voz, no necesariamente la más fiel al mensaje original.”
— Antonio Piñero, filólogo y catedrático especializado en cristianismo primitivo
Esta frase sintetiza el espíritu del libro: la idea de que la historia del cristianismo no es lineal ni pura, sino el resultado de una selección histórica donde muchos movimientos fueron marginados o aniquilados por razones teológicas, políticas y de poder.
Estudio completo de Los cristianismos derrotados (Antonio Piñero)
Ficha técnica verificada
- Título: Los cristianismos derrotados: ¿Cuál fue el pensamiento de los primeros cristianos, heréticos y heterodoxos?
- Autor: Antonio Piñero Sáenz.
- Editorial y colección: EDAF, colección “Jerusalén”.
- Primera edición: 22 de octubre de 2007.
- Extensión aproximada: 320–330 págs.; ISBN 844142005X.
Estos datos constan en la ficha de Amazon/Google Books y en catálogos comerciales.
Propósito y tesis central del libro
Piñero propone reconstruir el mosaico de corrientes del cristianismo primitivo que no se convirtieron en “ortodoxia”, y mostrar cómo la ortodoxia misma es una construcción histórica posterior que calificó retrospectivamente a otras corrientes como “herejías”. El enfoque no es apologético sino histórico-crítico: examina fuentes del siglo I al V (y algo más allá) para entender qué creían esos grupos y por qué fueron marginados. Esta intención está explicitada por el propio autor en su sitio y en sinopsis editoriales.
Estructura y contenidos
el índice exacto varía según edición; a partir de vistas previas y extractos se identifica una secuencia temática que recorre del judeocristianismo a las grandes controversias cristológicas y trinitarias (arrianismo, nestorianismo, monofisismo), e incluye gnosticismos, marcionismo y montanismo, entre otras.
- Nacimiento del movimiento cristiano y pluralidad inicial
– Jesús histórico, reinterpretación pospascual, necesidad de “unidad” (Lucas/Hechos) y el relato eusebiano que legitima una línea dominante. - Judeocristianismos (50–120 d.C.)
– Corrientes vinculadas a la Torá (ebionitas, nazarenos), tensiones con el universalismo paulino. - Gnosticismos
– Corrientes setianas y valentinianas; cosmovisión dualista, mitos de emanaciones, soteriología por “gnosis”. Se apoya también en descubrimientos de Nag Hammadi, contextualizados críticamente. - Marción y el “Dios extraño”
– Rechazo del AT, canon propio, ética ascética; impacto sobre la formación del canon católico. - Montanismo
– Profecía, rigorismo, papel de las profetisas, choque con estructuras episcopales emergentes. - Controversias trinitarias y cristológicas (s. IV–V)
– Arrianismo: subordinacionismo del Hijo; reacción nicena.
– Nestorio: distinción de naturalezas/personas y cisma oriental; pervivencia “nestoriana”.
– Monofisismo: reacción opuesta; querellas calcedonenses.
– Pelagianismo y donatismo: libertad, gracia y disciplina eclesial.
Estas secciones se documentan con amplio aparato patrístico y panoramas históricos (incluida la difusión “nestoriana” hacia Oriente).
Metodología
- Crítica histórica de textos canónicos y extracanonicos, lectura comparada de Padres de la Iglesia (Eusebio, Ireneo, etc.), análisis de contextos socio-políticos del Imperio romano tardío y de la institucionalización eclesial.
- Criterio filológico (Piñero es catedrático de Filología Griega) y uso de literatura secundaria internacional.
Aportes principales del libro
- Visibiliza la pluralidad: muestra que hablar de “el cristianismo” en singular antes de los siglos IV–V es anacrónico.
- Desideologiza la categoría “herejía”: explica que “herejía”/“heterodoxia” son etiquetas tardías aplicadas por la corriente vencedora para fijar límites doctrinales y disciplinarios.
- Conecta teología y poder: articula cómo factores teológicos, organizativos y políticos (concilios, patronazgo imperial, redes episcopales) determinaron qué doctrinas sobrevivieron.
- Síntesis accesible con bibliografía: presenta un compendio útil para no especialistas, con referencias a obras clave (p.ej., debates sobre Marción, Nag Hammadi).
Limitaciones y debates
- Cobertura desigual por disponibilidad de fuentes: algunos grupos (p. ej., ebionitas) se conocen sobre todo por fuentes adversarias, lo que condiciona la reconstrucción; el libro lo advierte pero la asimetría es inherente al campo.
- Enfoque marcadamente histórico-crítico: para lectores confesionales puede resultar desmitificador; no es una obra de teología sistemática ni de espiritualidad. Las reseñas y la presentación del autor lo subrayan.
- Solapamiento con obras “paralelas”: el tema fue popularizado también por Bart D. Ehrman (Lost Christianities/Cristianismos perdidos), con quien Piñero dialoga indirectamente en su bibliografía; conviene leerlos en paralelo para contraste metodológico.
Conceptos clave que el libro trabaja
- Judeocristianismo: continuidad con la Torá, cristología baja/adopcionista en ciertos sectores; conflicto con el universalismo paulino.
- Gnosis/gnosticismos: salvación por conocimiento revelado; cosmogonías complejas; valoración ambivalente del mundo material.
- Canon y autoridad: la necesidad de un canon y de reglas de fe surge como respuesta a la diversidad (casos Marción/Nag Hammadi), no como punto de partida.
- Cristología y Trinidad (s. IV–V): el “quién es Cristo” y su relación con el Padre/Espíritu como eje de condenas y cismas (Nicea, Éfeso, Calcedonia).
Conclusión del libro
Piñero concluye que la ortodoxia se impuso históricamente no solo por “mejor teología”, sino por capacidad organizativa, apoyos políticos y eficacia institucional para definir frontera doctrinal. Las corrientes “derrotadas” no fueron necesariamente menos “cristianas”, pero quedaron fuera del relato canónico por cómo se resolvieron disputas eclesiales y conciliares.
