La Parashat Beshalaj no relata únicamente un episodio central del Éxodo. Presenta un principio estructural del pensamiento bíblico y rabínico: la redención no sucede en cualquier momento. Ocurre cuando el tiempo mismo se abre para permitirla.
Este análisis recorre una línea continua que une Torá, Kabalá, calendario hebreo, Pésaj y uno de los acontecimientos más traumáticos de la historia judía: la rebelión de Bar Kojba.
El eje es preciso: el mes de Aviv (Nisán) como tiempo de redención activa y el riesgo histórico que implica confundir una apertura temporal con una consumación definitiva.
El tiempo en la Torá y en la Kabalá
En la Torá, el tiempo no es lineal ni neutro. No funciona como un simple contenedor de hechos, sino como una estructura cualitativa, con momentos abiertos y otros cerrados a determinadas acciones.
La Kabalá profundiza esta visión y enseña que el tiempo es una emanación espiritual, con ciclos que se reactivan año tras año.
Por eso, cuando la Torá afirma: “Este mes será para vosotros el primero de los meses”, no establece una convención cronológica. Redefine la relación de Israel con la historia. Con Nisán, el pueblo sale no solo de la esclavitud física, sino del tiempo de otro imperio, ingresando en su propio ritmo redentor.
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Los cuatro comienzos de año en el judaísmo
La tradición oral sostiene que no existe un único Año Nuevo, sino cuatro comienzos de año, cada uno asociado a un dominio específico:
- Nisán: inicio del año para la redención, los reyes y la identidad histórica.
- Tishrei: inicio del año civil y del juicio universal.
- Elul: inicio del ciclo económico del ganado y del sustento.
- Shevat: inicio del año para los árboles, símbolo del crecimiento oculto.
Esta arquitectura del tiempo explica por qué Nisán ocupa un lugar singular. Tishrei organiza el mundo; Nisán lo libera. Confundir estos planos ha generado, históricamente, errores de consecuencias graves.
Pésaj como texto activador
La Hagadá de Pésaj no es un texto conmemorativo. Exige que cada generación se vea como si estuviera saliendo de Egipto en ese mismo instante. Sus expresiones no son simbólicas, sino performativas: reconfiguran la percepción del presente.
Celebrar Pésaj en un contexto de opresión no puede ser neutral. El lenguaje de la Hagadá activa preguntas profundas sobre la legitimidad de la esclavitud, el sentido de la espera y el límite de la paciencia histórica.
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El Séder de Rabí Akiva y la hipótesis histórica
La Hagadá conserva un episodio singular: el Séder de Pésaj en Bene Berak, donde Rabí Akiva y otros sabios relatan la salida de Egipto toda la noche, hasta que el amanecer los obliga a detenerse.
El texto no registra el contenido de sus palabras. Ese silencio es significativo. En la Torá Oral, lo que no se explicita suele ser aquello que no debe normativizarse.
A partir de este episodio, del contexto romano del siglo II y del posterior apoyo de Rabí Akiva a Bar Kojba, surge una hipótesis estudiada —no oficial—: que la legitimación ideológica de la rebelión pudo haberse gestado en un Séder de Pésaj. No como conspiración militar, sino como lectura del tiempo: Nisán se había reabierto.
La rebelión de Bar Kojba y la catástrofe
La rebelión (132–135 EC) culminó en una de las mayores tragedias del pueblo judío. Judea fue devastada, Jerusalén transformada en ciudad pagana, el estudio de la Torá prohibido y miles de sabios asesinados. Fue el colapso definitivo de la esperanza de restauración nacional inmediata.
No existió consenso rabínico en torno a Bar Kojba como Mesías. La tradición conserva una advertencia severa de Rabí Yohanan ben Torta hacia Rabí Akiva:
“Crecerá hierba sobre tus mejillas y el hijo de David aún no habrá venido” (Talmud de Jerusalén, Ta’anit 4:5).
Tras Bar Kojba, el judaísmo desarrolló un temor estructural al discurso mesiánico público. La esperanza no fue abandonada, pero se comprendió que forzar la redención puede destruir al redimido.
Pésaj después de Bar Kojba
De manera significativa, el judaísmo no censuró Pésaj. La Hagadá permaneció intacta y sus expresiones más radicales no fueron suavizadas. La tradición entendió que el problema no residía en el texto, sino en la lectura del tiempo.
Pésaj continúa proclamando libertad, pero la historia enseñó que la redención exige discernimiento, consenso y madurez histórica. Nisán abre una ventana; no obliga a cruzarla.
Conclusión
La Parashat Beshalaj enseña que salir de Egipto es solo el inicio. El mar se abre, pero el desierto comienza. El tiempo de la redención existe, retorna cada año y posee un poder real. Ese poder, sin embargo, es ambivalente: puede liberar o destruir.
Rabí Akiva no erró al comprender la fuerza de Nisán ni el mensaje de Pésaj. Erró, quizá de forma trágica, al creer que esa fuerza podía consumarse plenamente en su generación.
La enseñanza final es clara:
Pésaj no ordena rebelarse; prohíbe naturalizar la esclavitud.
Recuerda que la redención es posible, que el tiempo puede abrirse, pero que atravesarlo sin discernimiento tiene un costo histórico inmenso.
Por eso seguimos celebrando Pésaj. Porque la historia aún no terminó. Y porque el verdadero desafío no es desear la redención, sino saber cuándo y cómo recibirla.
