Nitzavim-Vayelej 2026 (VIDEO) / ¿Qué dice la Torá sobre los terremotos?

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Los terremotos aparecen en distintos pasajes de la Torá y del resto del Tanaj asociados con revelación, temor, juicio, transformación y fragilidad humana. Sin embargo, la tradición judía no ofrece una única explicación religiosa para todos los terremotos ni permite concluir automáticamente que una catástrofe concreta sea un castigo por un pecado determinado.

La Torá plantea una cuestión diferente y especialmente relevante: ¿cómo debe responder una persona y una comunidad cuando la tierra tiembla y la vida humana está en peligro?

Las fuentes bíblicas, talmúdicas y halájicas ofrecen una respuesta que combina humildad ante lo desconocido, plegaria, introspección, prevención, rescate y protección de la vida.

Los terremotos en la Torá

Uno de los episodios más conocidos ocurre durante la revelación en el monte Sinaí. Éxodo 19:18 describe cómo la montaña “temblaba en gran manera” mientras estaba cubierta de humo y fuego.

El terremoto forma aquí parte del lenguaje de la revelación. La creación misma parece estremecerse ante la presencia divina.

Otro episodio aparece en Números 16, en la rebelión de Coré. La tierra abre su boca y traga a Coré y a su grupo. Aunque la escena puede recordar una fisura producida por un terremoto, el propio relato bíblico la presenta como un acontecimiento extraordinario y no como un modelo para interpretar cualquier desastre natural.

Por eso, la Torá no enseña que todo terremoto deba entenderse de la misma manera.

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Nitzavim: cuando la tierra es devastada

En Deuteronomio 29, dentro de la parashá Nitzavim, aparece la imagen de una tierra devastada. Las generaciones posteriores observan la destrucción y preguntan:

“¿Por qué hizo así el Eterno a esta tierra?”

El pasaje pertenece al contexto específico del pacto entre Dios e Israel. Por ello, no debería trasladarse automáticamente como explicación de cada terremoto ocurrido posteriormente.

Poco después aparece un principio fundamental:

“Las cosas ocultas pertenecen al Eterno nuestro Dios, pero las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos…”
—Deuteronomio 29:28

Este versículo establece un límite importante para cualquier interpretación religiosa de las catástrofes.

Los seres humanos pueden investigar aquello que es verificable: edificios inseguros, negligencia, falta de prevención o incumplimiento de responsabilidades. Pero determinar supuestos pecados ocultos de las víctimas pertenece a un terreno sobre el cual las personas no poseen conocimiento.

“Escoge la vida”: la respuesta de la Torá

Otro de los grandes principios de Nitzavim aparece en Deuteronomio 30:19:

“He puesto delante de ti la vida y la muerte… escoge, pues, la vida”.

En su contexto original, el versículo habla de fidelidad a Dios y a la Torá. Sin embargo, la tradición halájica desarrolla ampliamente la obligación de preservar la vida.

Aplicada a un terremoto, esta prioridad significa actuar para:

  • prevenir riesgos;
  • mantener estructuras seguras;
  • evacuar cuando existe peligro;
  • rescatar a quienes quedan atrapados;
  • atender a los heridos;
  • proteger a las personas vulnerables.

La respuesta judía ante un terremoto no consiste únicamente en preguntarse por su significado. También exige hacer todo lo posible para salvar vidas.

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Vayélej y el ocultamiento del rostro de Dios

La parashá Vayélej introduce otra idea importante: hester panim, el “ocultamiento del rostro” divino.

Deuteronomio 31:17–18 describe una situación en la que las personas experimentan calamidades y sienten que Dios ha ocultado Su rostro.

Este concepto no explica científicamente por qué ocurre un terremoto. Describe, más bien, una experiencia religiosa: la sensación de silencio, desconcierto o ausencia que puede surgir frente al sufrimiento.

La Torá reconoce así una realidad profundamente humana: ante una tragedia, no siempre existe una respuesta sencilla.

¿La Biblia considera los terremotos un castigo de Dios?

No existe una respuesta única.

El Tanaj utiliza los terremotos y el estremecimiento de la tierra en contextos muy diferentes. A veces representan una manifestación divina; otras veces acompañan acontecimientos históricos, guerras, transformaciones políticas o imágenes proféticas.

Amós 1:1, por ejemplo, recuerda un terremoto ocurrido durante el reinado de Uzías. Zacarías 14:5 menciona generaciones después que la población huyó de aquel terremoto, señal de que permaneció en la memoria colectiva.

Pero uno de los textos más importantes aparece en 1 Reyes 19.

El profeta Elías presencia un viento poderoso, después un terremoto y luego fuego. Sin embargo, el texto afirma:

Dios no estaba en el terremoto.

Después llega una “voz tenue y silenciosa”.

El pasaje establece un límite fundamental: un fenómeno espectacular o destructivo no puede identificarse automáticamente con un mensaje divino que los seres humanos sean capaces de descifrar.

¿Qué dice el Talmud sobre los terremotos?

La Mishná establece una respuesta concreta para quien experimenta un terremoto: pronunciar una bendición reconociendo el poder del Creador.

En Berajot 9:2 se incluye a los terremotos entre los fenómenos naturales ante los cuales puede recitarse una bendición como:

“Bendito… cuya fuerza y poder llenan el mundo”.

El Talmud de Babilonia, en Berajot 59a, desarrolla varias imágenes para interpretar los terremotos. Una de ellas describe simbólicamente a Dios derramando lágrimas por sus hijos que sufren entre las naciones. Otras hablan de un suspiro o de movimientos celestiales.

Estas imágenes no funcionan como teorías geológicas. Son interpretaciones religiosas y metafóricas del sufrimiento y de la relación entre el cielo y la tierra.

De hecho, la presencia de varias explicaciones diferentes muestra que el Talmud no establece una causa teológica única para los terremotos.

¿Puede un terremoto tener una causa natural y un significado religioso?

El Maharal de Praga hizo una distinción especialmente relevante.

Al analizar Berajot 59a, reconoció que los terremotos poseen una causa natural y que esa explicación corresponde al estudio de la naturaleza. Las enseñanzas rabínicas, en cambio, intentan responder preguntas de otro nivel relacionadas con el significado espiritual y moral.

Por tanto, no es necesario enfrentar ciencia y religión.

La geología puede explicar cómo ocurre un terremoto, mientras que la tradición religiosa puede preguntar cómo debemos responder ante la fragilidad, el peligro y el sufrimiento humano.

La prioridad de la Torá: salvar vidas

La halajá es especialmente clara cuando existe peligro para la vida.

La Mishná y el Talmud analizan incluso el caso de un edificio derrumbado durante Shabat. Si existe la posibilidad de que una persona permanezca viva debajo de los escombros, estos deben retirarse.

Aunque no se sepa con certeza si alguien está allí.

Aunque no se sepa si continúa con vida.

Aunque sea Shabat.

El principio que gobierna la situación es pikuaj nefesh: salvar una vida tiene prioridad.

Esta enseñanza constituye una de las respuestas más concretas del judaísmo ante un terremoto: cuando alguien puede estar atrapado bajo los escombros, la prioridad no es especular sobre la causa espiritual de la tragedia, sino intentar salvarlo.

La Torá también exige prevenir

La tradición judía no limita esta responsabilidad al momento posterior al desastre.

Deuteronomio 22:8 ordena construir un pretil alrededor de un techo para evitar que alguien caiga y para no colocar “sangre” sobre la propia casa.

Maimónides amplía este principio a otros peligros: deben eliminarse los obstáculos capaces de poner vidas en riesgo.

El Talmud también enseña que una persona no debe colocarse voluntariamente en peligro esperando que ocurra un milagro.

Estas fuentes permiten fundamentar una ética de prevención que incluye inspeccionar edificios, reparar estructuras peligrosas, prepararse para emergencias y tomar en serio los riesgos conocidos.

La fe no sustituye la prevención.

¿Es correcto culpar a las víctimas de un terremoto?

Las propias fuentes judías ofrecen importantes razones para rechazar esa conclusión.

El libro de Job cuestiona directamente la idea de que el sufrimiento permita identificar automáticamente una culpa. Los amigos de Job intentan explicar su desgracia suponiendo que necesariamente debe haber pecado, pero al final Dios declara que no hablaron correctamente acerca de Él.

Berajot 5a recomienda a quien atraviesa sufrimiento examinar sus propios actos. La enseñanza apunta hacia la introspección, no hacia la búsqueda de pecados en otras personas.

Esto permite establecer una diferencia fundamental:

Una catástrofe puede impulsar el autoexamen moral, pero no concede autoridad para acusar a sus víctimas de pecados ocultos.

Nitzavim ofrece nuevamente el principio adecuado: “las cosas ocultas pertenecen al Eterno”.

¿Qué debe hacer una comunidad judía después de un terremoto?

Las fuentes estudiadas permiten distinguir varias responsabilidades.

Primero, proteger la vida y rescatar a quienes están en peligro. Después, atender a los heridos, acompañar a quienes han perdido familiares y proporcionar ayuda a los damnificados.

También corresponde investigar aquello que sí puede conocerse: si existían edificios inseguros, si se ignoraron advertencias o si había peligros que podían haberse corregido.

La introspección religiosa tiene igualmente un lugar, pero debe comenzar por la propia conducta y por las responsabilidades públicas conocidas.

Finalmente, queda espacio para la plegaria, el duelo y el reconocimiento de que existen preguntas para las cuales los seres humanos no poseen respuestas definitivas.

Entonces, ¿qué dice la Torá sobre los terremotos?

La Torá y la tradición judía no presentan los terremotos mediante una explicación única.

En las fuentes aparecen como parte de la revelación, acontecimientos históricos, imágenes proféticas, símbolos de conmoción y fenómenos ante los cuales se pronuncia una bendición. Los sabios también desarrollaron diferentes interpretaciones espirituales y morales.

Pero cuando se trata de la conducta humana, la orientación es considerablemente más clara.

La Torá enseña a escoger la vida.

La halajá ordena salvar a quien pueda encontrarse bajo los escombros, incluso durante Shabat. La tradición exige eliminar peligros previsibles y rechaza depender de milagros. Job advierte contra las explicaciones fáciles del sufrimiento ajeno, mientras Deuteronomio recuerda que las cosas ocultas pertenecen a Dios.

Por ello, frente a un terremoto, la pregunta judía no es únicamente “¿por qué ocurrió?”, sino también:

¿Qué exige de nosotros la Torá ahora que la tierra ha temblado?

La respuesta que surge de estas fuentes es concreta: preservar la vida, rescatar, prevenir, ayudar, acompañar a quienes sufren, examinar nuestras propias responsabilidades y mantener humildad ante aquello que no podemos conocer.

Abel
Abelhttps://lamishna.com
Abel Flores es un periodista e investigador especializado -por más de 20 años- en la intersección entre la historia sagrada y los misterios metafísicos. Su trabajo profundiza en la Mishná, la Biblia y la Kabalá, explorando los códigos, contextos y dimensiones ocultas que conectan la tradición bíblica y rabínica con la evolución espiritual y filosófica del mundo. Combina rigor académico con una mirada crítica y analítica, revelando los vínculos entre teología, religión, poder y conocimiento ancestral.
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