Introducción
Cada año, la Parashat Re’eh abre una de las secciones más importantes del libro de Deuteronomio con una palabra breve, pero cargada de significado: רְאֵה (Re’eh). Traducida habitualmente como «Mira», esta expresión introduce una de las enseñanzas fundamentales de la Torá: el ser humano vive constantemente frente a una elección entre dos caminos, uno que conduce a la bendición y otro que desemboca en la maldición.
A primera vista, el mandato parece una simple invitación a observar. Sin embargo, tanto el texto bíblico como la tradición interpretativa muestran que «ver» va mucho más allá de la percepción física. Re’eh invita a desarrollar una mirada capaz de comprender la realidad moral, discernir las consecuencias de las decisiones y contemplar aquello que aún permanece oculto a los sentidos.
Esta dimensión ha llevado a numerosos comentaristas a preguntarse si el verbo ראה (ra’á, «ver») puede relacionarse con la visión espiritual, la profecía o incluso la percepción de ángeles y otras realidades invisibles. La respuesta de la tradición judía es mucho más matizada de lo que suele suponerse.
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¿Qué significa realmente la palabra Re’eh?
La palabra hebrea רְאֵה (Re’eh) proviene de la raíz ראה, cuyo significado básico es ver. En Deuteronomio 11:26 aparece como un imperativo masculino singular, es decir, una orden directa:
«Mira: hoy pongo delante de vosotros la bendición y la maldición.»
Aunque muchas traducciones conservan simplemente el verbo «mirar», el hebreo posee un campo semántico mucho más amplio. Dependiendo del contexto, ראה puede significar:
- ver con los ojos;
- observar atentamente;
- experimentar;
- reconocer una realidad;
- comprender intelectualmente;
- discernir;
- considerar las consecuencias de una acción.
Desde el punto de vista filológico, nada en este versículo indica que Moisés esté otorgando una capacidad sobrenatural para contemplar seres espirituales. La orden consiste en comprender con claridad la decisión que Israel tiene delante.
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Re’eh no habla de clarividencia
En ocasiones se ha interpretado que el mandato «mira» podría implicar algún tipo de visión espiritual extraordinaria. Sin embargo, el contexto bíblico apunta en otra dirección.
Moisés no invita al pueblo a contemplar ángeles, espíritus o fenómenos invisibles. Lo que coloca delante de Israel son dos posibilidades concretas:
- la bendición, fruto de la obediencia a los mandamientos;
- la maldición, consecuencia del alejamiento del pacto.
La visión solicitada no es paranormal, sino moral.
El pueblo debe aprender a percibir ahora aquello cuyos efectos solo serán plenamente visibles en el futuro.
Los tres niveles de la visión en la tradición judía
Aunque Re’eh no describe una experiencia profética, la literatura rabínica desarrolló una profunda reflexión sobre las distintas formas de «ver». A partir de ella pueden distinguirse tres niveles.
1. La visión física
Es la percepción ordinaria realizada mediante los sentidos.
Se trata del significado más básico del verbo ראה, utilizado miles de veces en el Tanaj para describir aquello que los ojos perciben directamente.
2. La visión intelectual o espiritual
Un segundo nivel aparece cuando «ver» significa comprender.
No se trata de observar un objeto, sino de captar una verdad con la misma claridad con la que se observa algo delante de los ojos.
Un ejemplo clásico aparece en Eclesiastés:
«Mi corazón vio mucha sabiduría y conocimiento.»
Naturalmente, el corazón no posee ojos.
La expresión indica que la inteligencia llegó a comprender profundamente la realidad.
Esta idea será fundamental para comentaristas medievales como Rabbenu Bahya y también para Rambán, quienes hablarán del «ojo del intelecto» (ayin ha-sejel), es decir, la capacidad de contemplar la verdad moral más allá de las apariencias.
3. La visión profética
El tercer nivel pertenece exclusivamente al ámbito de la revelación.
Aquí «ver» ya no significa comprender por esfuerzo intelectual, sino recibir una comunicación divina mediante:
- visiones;
- sueños;
- símbolos;
- imágenes interiores;
- revelaciones proféticas.
Este tipo de percepción depende completamente de la iniciativa de Dios y constituye una categoría distinta de la comprensión intelectual.
Por ello, la tradición judía insiste en no confundir la exhortación de Re’eh con la experiencia de los profetas.
¿Por qué la Torá utiliza precisamente el verbo «ver»?
Podría parecer suficiente decir:
«Escuchad.»
Sin embargo, la Torá escoge deliberadamente el verbo «ver».
La razón es profundamente pedagógica.
Ver implica un grado de certeza muy superior al simple conocimiento recibido por otros.
Cuando una persona contempla algo con sus propios ojos, desaparecen muchas dudas.
La enseñanza de Moisés pretende precisamente eso: que Israel llegue a reconocer la realidad moral con la misma seguridad con la que reconoce un objeto visible.
No basta obedecer por costumbre.
La obediencia debe estar acompañada de comprensión.
Una fórmula característica del Deuteronomio
El uso de Re’eh no constituye un caso aislado.
A lo largo del Deuteronomio aparece repetidamente la expresión:
- «Mira, he puesto delante de ti…»
- «Mira, os he enseñado…»
- «Mira, os entrego…»
En todos estos casos, el verbo funciona como una llamada de atención.
Es equivalente a decir:
- presta atención;
- comprende lo que tienes delante;
- considera cuidadosamente la situación;
- reconoce la importancia de la decisión.
La palabra introduce siempre un momento decisivo dentro de la enseñanza de Moisés.
La elección entre dos caminos
La apertura de la Parashat Re’eh funciona como el gran umbral del bloque legislativo de Deuteronomio.
Antes de comenzar la extensa exposición de las leyes, Moisés recuerda que todos los mandamientos tienen un propósito.
No son normas arbitrarias.
Representan dos maneras diferentes de construir la vida.
Por eso coloca delante del pueblo dos caminos:
- uno conduce a la bendición;
- el otro conduce a la maldición.
La decisión pertenece al ser humano.
La función del mandato «Mira» consiste precisamente en desarrollar la capacidad de percibir las consecuencias antes de que aparezcan.
No invita a contemplar lo invisible, sino a reconocer la estructura moral que sostiene la realidad.
El primer versículo de la Parashat Re’eh resume uno de los grandes principios del judaísmo bíblico: la verdadera visión no consiste únicamente en mirar con los ojos, sino en comprender con claridad aquello que determina el destino humano.
La tradición rabínica ampliará esta idea distinguiendo entre la visión física, la visión intelectual y la visión profética, pero manteniendo siempre una diferencia fundamental: el imperativo Re’eh no concede facultades sobrenaturales, sino que exhorta a desarrollar una conciencia capaz de discernir entre el bien y el mal antes de actuar.
¿Por qué la Torá dice «Re’eh» en singular y «ante vosotros» en plural?
Uno de los detalles gramaticales más llamativos con los que comienza la Parashat Re’eh ha despertado la atención de comentaristas durante siglos. En apenas unas palabras, el texto cambia inesperadamente del singular al plural:
«Re’eh (mira) pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición.»
(Deuteronomio 11:26)
A primera vista podría parecer una simple variación estilística. Sin embargo, la tradición judía encontró en este cambio una enseñanza profunda sobre la responsabilidad individual, la dimensión comunitaria de la alianza y la forma en que cada persona participa en el destino colectivo de Israel.
Una aparente anomalía gramatical
El versículo comienza con una orden dirigida a una sola persona:
רְאֵה — Re’eh
«Mira.»
Pero inmediatamente después el discurso cambia:
לִפְנֵיכֶם — lifnejem
«Delante de vosotros.»
La pregunta surge de manera natural:
¿A quién está hablando Moisés?
¿A un individuo?
¿A toda la nación?
¿O a ambos al mismo tiempo?
Los grandes comentaristas ofrecen respuestas distintas, aunque complementarias.
Ibn Ezra: la decisión comienza en cada individuo
El comentario de Ibn Ezra es breve, pero extraordinariamente profundo.
Según explica, Moisés habla a toda la nación, pero utiliza el singular porque cada israelita debe escuchar personalmente la exhortación.
La alianza pertenece al pueblo entero, pero la obediencia nunca puede delegarse.
Cada persona decide por sí misma.
Cada individuo escucha el mandato como si Dios le hablara directamente.
Desde esta perspectiva, el plural simplemente recuerda que las consecuencias de esas decisiones personales terminan afectando a toda la comunidad.
La responsabilidad colectiva comienza siempre con una elección individual.
Rabbenu Bahya y el «ojo del intelecto»
Uno de los desarrollos más interesantes aparece en la interpretación de Rabbenu Bahya.
Para este comentarista medieval, el singular no responde únicamente a una cuestión gramatical.
Tiene un sentido espiritual mucho más profundo.
Según explica, la bendición y la maldición pueden ser escuchadas por toda la multitud, pero no todos llegan a comprenderlas de la misma manera.
Solo quien desarrolla lo que denomina el ojo del intelecto (ayin ha-sejel) consigue percibir la verdadera dimensión del mensaje.
La visión de la que habla Re’eh no pertenece a los sentidos.
Es una capacidad interior para descubrir la lógica moral que gobierna el universo.
Por eso Rabbenu Bahya relaciona este pasaje con el versículo de Eclesiastés:
«Mi corazón vio mucha sabiduría y conocimiento.»
El corazón no posee ojos.
La inteligencia, sin embargo, puede alcanzar una comprensión tan clara que la Escritura la describe utilizando el verbo «ver».
Esta idea será decisiva para comprender posteriormente la diferencia entre visión intelectual y visión profética.
Ver más allá de las apariencias
Según Rabbenu Bahya, la mayoría de las personas observa únicamente los acontecimientos inmediatos.
Ven prosperidad.
Ven dificultades.
Ven éxito o fracaso.
Pero el sabio intenta descubrir algo más profundo:
la relación existente entre las acciones humanas y sus consecuencias espirituales.
La verdadera visión consiste en aprender a mirar aquello que todavía permanece oculto.
No porque sea invisible físicamente.
Sino porque exige reflexión.
En este sentido, Re’eh invita al creyente a desarrollar una percepción moral cada vez más madura.
Sforno: la vida nunca permanece en un punto intermedio
El comentario de Sforno aborda el versículo desde otra perspectiva.
Para él, el mandato «Mira» significa:
«Observa atentamente que tu vida nunca permanecerá en una posición neutral.»
La existencia humana siempre avanza en una dirección.
No existe una estabilidad absoluta.
Cada decisión acerca lentamente a la persona hacia la bendición o hacia la pérdida de esa bendición.
La alianza, por tanto, no presenta dos posibilidades abstractas.
Presenta dos trayectorias reales.
Toda elección produce consecuencias.
Incluso cuando estas no resultan visibles de inmediato.
La bendición es mucho más que prosperidad
Sforno también señala un aspecto importante.
La bendición bíblica no consiste simplemente en poseer bienes materiales.
Representa una plenitud integral.
Implica vivir conforme al propósito establecido por Dios.
La maldición, por el contrario, no debe reducirse únicamente al sufrimiento.
Es la pérdida progresiva de esa plenitud.
Por eso Moisés ordena «mirar» antes de elegir.
Solo quien contempla el final del camino puede comprender verdaderamente el valor de sus decisiones presentes.
Kli Yakar: una sola acción puede cambiar el mundo
El comentario del Kli Yakar introduce un elemento adicional.
Inspirándose en el Talmud, explica que cada persona debería verse a sí misma como si el mundo entero estuviera perfectamente equilibrado entre mérito y culpa.
En esa situación imaginaria, una sola acción puede inclinar toda la balanza.
De ahí que el versículo combine singular y plural.
El singular recuerda que cada individuo posee libertad.
El plural enseña que ninguna decisión queda limitada únicamente al ámbito privado.
Toda acción genera efectos que alcanzan a la comunidad.
La responsabilidad nunca es exclusivamente personal.
La dimensión colectiva de la alianza
Esta interpretación adquiere especial importancia dentro del pensamiento bíblico.
Israel no aparece únicamente como un conjunto de individuos.
También constituye un cuerpo colectivo.
Cada miembro influye sobre el destino común.
Por ello, la elección realizada por una persona puede convertirse en fuente de bendición para muchos.
O, por el contrario, puede contribuir al deterioro espiritual del conjunto.
La Torá une constantemente ambas dimensiones.
No existe oposición entre individuo y comunidad.
Ambos forman parte del mismo pacto.
La parábola de la encrucijada según el Sifré
El Sifré Devarim ofrece una explicación mediante una imagen muy sencilla.
Imagina a un viajero que llega a una bifurcación.
Desde el punto donde se encuentra, ambos caminos parecen similares.
Sin embargo, existe una diferencia.
Uno comienza siendo cómodo, pero termina cubierto de espinas.
El otro resulta difícil al principio, aunque finalmente conduce a un camino despejado.
El viajero desconoce el desenlace.
Necesita que alguien con mayor perspectiva le indique cuál elegir.
Eso es precisamente lo que hace la Torá.
No elimina la libertad.
Tampoco obliga al caminante.
Simplemente le muestra aquello que todavía no puede ver.
La diferencia entre información y sabiduría
La parábola del Sifré contiene una enseñanza permanente.
Muchas decisiones humanas se toman observando únicamente el beneficio inmediato.
La Torá invita a ampliar el horizonte.
Ver significa descubrir el final desde el principio.
No dejarse engañar por las primeras apariencias.
Comprender que el camino aparentemente más sencillo puede conducir a la destrucción, mientras que el esfuerzo inicial puede abrir la puerta a una vida mucho más plena.
Esta capacidad constituye precisamente la sabiduría bíblica.
Singular y plural: una enseñanza para todas las generaciones
Las distintas interpretaciones coinciden en una idea esencial.
El cambio del singular al plural no es un error gramatical.
Tampoco una casualidad.
Se trata de un recurso literario mediante el cual la Torá recuerda dos principios inseparables:
- cada persona responde individualmente por sus decisiones;
- esas decisiones nunca permanecen aisladas, porque terminan afectando a toda la comunidad.
La alianza comienza en el corazón de cada individuo, pero sus frutos alcanzan siempre al pueblo entero.
El comienzo de la Parashat Re’eh muestra que la libertad humana posee una dimensión mucho más profunda de lo que parece.
El mandato «Mira» interpela personalmente a cada creyente, invitándolo a desarrollar una visión capaz de descubrir las consecuencias futuras de las decisiones presentes.
Los grandes comentaristas —Ibn Ezra, Rabbenu Bahya, Sforno, Kli Yakar y el Sifré— coinciden en que la verdadera visión consiste en aprender a contemplar la realidad desde la perspectiva de la alianza.
No se trata de adquirir poderes extraordinarios.
Se trata de educar la inteligencia, la conciencia y la responsabilidad moral para reconocer que cada elección individual contribuye a construir el destino colectivo de Israel.
