Ki Tetzé 2026 (VIDEO) / Las leyes de la guerra según la Torá, la ética y el derecho internacional

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La Parashat Ki Tetzé y las leyes de la guerra plantean uno de los debates más complejos de la Torá: ¿cómo puede un texto que legitima determinadas guerras contener, al mismo tiempo, normas destinadas a limitar el poder del vencedor?

Ki Tetzé, que comprende Deuteronomio 21:10–25:19, comienza con la legislación sobre la mujer cautiva y concluye con el mandato de recordar a Amalek. Entre ambos extremos aparecen leyes que regulan el ejercicio del poder y establecen responsabilidades para el soldado, el marido, el padre, el acreedor, el empleador, el juez y el propietario.

Leída junto con Deuteronomio 20, la parashá permite estudiar una verdadera ética bíblica de la guerra. Sin embargo, hacerlo rigurosamente exige evitar dos extremos: afirmar que la Torá permite cualquier conducta durante una guerra o sostener que anticipa plenamente el derecho internacional humanitario contemporáneo.

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Deuteronomio y los límites de la guerra

La Torá no desarrolla una teoría de la guerra equivalente al moderno jus ad bellum. Presenta guerras defensivas, campañas de conquista y guerras vinculadas a un mandato divino. La tradición rabínica posterior organizó esta diversidad mediante categorías jurídicas como miljemet mitzvá, guerra obligatoria, y miljemet reshut, guerra voluntaria.

En cambio, Deuteronomio sí contiene diversas reglas sobre la conducta durante el conflicto. Entre ellas se encuentran la oferta de paz, las exenciones del servicio militar, las normas del asedio, la protección de determinados recursos, el tratamiento de cautivos y la disciplina del campamento.

Estas disposiciones constituyen un posible paralelo funcional con el jus in bello, aunque sus fundamentos, sujetos y contenidos pertenecen a un universo jurídico y religioso muy diferente del actual.

La oferta de paz antes del combate

Deuteronomio 20 establece que, antes de atacar una ciudad distante, Israel debe ofrecerle la paz. Si la ciudad acepta, queda sometida a determinadas condiciones; si rechaza la propuesta, el texto permite continuar la guerra.

La tradición de Maimónides amplía esta obligación de ofrecer la paz tanto a guerras obligatorias como voluntarias. La norma introduce así una alternativa al enfrentamiento armado.

No obstante, esta oferta bíblica no debe confundirse con una negociación entre Estados iguales según conceptos contemporáneos. Se trata de una paz condicionada por la subordinación del adversario.

Bal tashjit: limitar la destrucción durante la guerra

Uno de los principios más conocidos de Deuteronomio 20 es la prohibición de destruir árboles frutales durante un asedio.

Esta norma, posteriormente relacionada con el principio de bal tashjit, establece un límite a la devastación. La guerra puede exigir el empleo de recursos, pero no convierte toda destrucción en legítima.

Maimónides amplió posteriormente este principio más allá del contexto militar, aplicándolo también a la destrucción injustificada de bienes, alimentos, edificios y otros recursos.

La comparación con conceptos actuales de necesidad militar resulta sugerente, aunque no deben identificarse ambas doctrinas. La legislación bíblica pertenece a su propio contexto histórico y jurídico.

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La mujer cautiva en Ki Tetzé

Deuteronomio 21:10–14 regula uno de los casos más difíciles de la parashá: la yefat tóar, la mujer cautiva.

El texto establece un procedimiento que interrumpe el ejercicio inmediato del poder del vencedor. La mujer entra en la casa, atraviesa un período de duelo y, si posteriormente el hombre deja de quererla, debe ser liberada. No puede ser vendida ni convertida nuevamente en mercancía.

La tradición rabínica tampoco presenta esta situación como un ideal. Kiddushín 21b interpreta la norma como una concesión frente al impulso humano negativo.

Sin embargo, reconocer esas restricciones no elimina el problema central: la mujer permanece en una situación de cautiverio y el texto no formula un concepto de consentimiento sexual autónomo equivalente al contemporáneo.

Por ello, una lectura rigurosa debe mantener simultáneamente dos elementos: la existencia de límites al poder del captor dentro del mundo antiguo y la profunda distancia entre ese sistema y los estándares modernos sobre libertad y violencia sexual.

La santidad y disciplina del campamento

Deuteronomio 23:10–15 exige que el campamento militar permanezca limpio y que los soldados se aparten de determinadas conductas consideradas impropias.

La justificación bíblica es fundamentalmente religiosa: la presencia divina acompaña al ejército y, por tanto, el campamento debe conservar su santidad.

Rambán desarrolla una interpretación ética particularmente significativa. La guerra puede despertar crueldad, ira, saqueo y otros comportamientos destructivos. Precisamente por ello, quien combate necesita una disciplina moral reforzada.

La santidad del campamento se convierte así en una afirmación fundamental: participar en una guerra no suspende automáticamente las obligaciones morales.

Exenciones militares y protección de la vida civil

Deuteronomio también contempla exenciones relacionadas con la casa, la viña, el matrimonio y el temor.

El recién casado, por ejemplo, queda durante un año apartado del servicio militar y de determinadas obligaciones públicas para dedicarse a su nueva familia.

Estas normas muestran que la movilización militar no absorbe completamente la vida social. La familia, el trabajo y los proyectos personales conservan un valor propio.

La tradición rabínica, sin embargo, establece diferencias según la naturaleza de la guerra. En determinadas guerras obligatorias, las exenciones dejan de aplicarse.

Amalek: memoria, violencia y responsabilidad

Ki Tetzé concluye con el mandato de recordar a Amalek, el enemigo que atacó a los débiles, agotados y rezagados de Israel.

La memoria de Amalek ocupa un lugar central en la tradición judía. Sin embargo, el texto plantea una tensión profunda: Israel debe recordar la agresión y, al mismo tiempo, borrar el recuerdo del agresor.

Las interpretaciones posteriores desarrollaron diferentes formas de comprender esta obligación. Algunas convirtieron a Amalek en símbolo del mal; otras limitaron la posibilidad de identificar históricamente a sus descendientes.

La aplicación del nombre de Amalek a enemigos contemporáneos presenta un riesgo hermenéutico importante. Puede transformar un conflicto político en una enemistad absoluta y borrar la responsabilidad individual.

Miljemet mitzvá y miljemet reshut

La Mishná, el Talmud y posteriormente Maimónides sistematizaron las guerras bíblicas mediante categorías halájicas.

La miljemet mitzvá designa determinadas guerras consideradas obligatorias, mientras que la miljemet reshut corresponde a guerras voluntarias. Esta clasificación produce consecuencias sobre la autoridad necesaria para iniciar una guerra y sobre las exenciones de los combatientes.

La guerra voluntaria, por ejemplo, requiere una autorización institucional específica en las fuentes rabínicas.

Esta estructura resulta significativa porque limita la posibilidad de entender la guerra como una decisión puramente personal o carismática del gobernante: también el poder político permanece sometido a normas.

Ki Tetzé y el derecho internacional humanitario

La comparación entre las leyes de guerra de la Torá y el derecho internacional humanitario requiere especial cautela.

El derecho contemporáneo desarrolla principios como distinción, proporcionalidad, precaución, humanidad, necesidad militar y responsabilidad individual. Algunas disposiciones bíblicas pueden entrar en diálogo con estos principios, especialmente las restricciones a la destrucción, la disciplina del ejército o determinados límites durante los asedios.

Pero semejanza no significa identidad ni filiación jurídica directa.

La Torá pertenece a la larga genealogía intelectual de las reflexiones sobre los límites de la guerra, pero no constituye la fuente jurídica directa ni exclusiva de los Convenios de Ginebra.

Además, determinados textos bíblicos, como el jérem, las guerras contra Amalek o algunos relatos sobre cautivos y poblaciones vencidas, son incompatibles con principios fundamentales del derecho internacional contemporáneo si se trasladan literalmente a nuestro tiempo.

¿La Torá humaniza o legitima la guerra?

La pregunta no admite una respuesta simple.

Deuteronomio contiene normas que restringen determinados abusos del poder militar: protege recursos, regula el asedio, establece exenciones, disciplina el campamento y limita algunas formas de explotación del cautivo.

Al mismo tiempo, conserva instituciones y mandatos que pertenecen al mundo político, patriarcal y militar del antiguo Cercano Oriente y que resultan moral y jurídicamente incompatibles con los estándares contemporáneos.

Por eso, estudiar Ki Tetzé y las leyes de la guerra exige distinguir entre texto bíblico, interpretación rabínica, contexto histórico y derecho moderno.

La conclusión más rigurosa no consiste en presentar la Torá como un código humanitario moderno ni como una legitimación ilimitada de la violencia. Su aporte fundamental al debate se encuentra en una tensión más difícil: incluso allí donde la guerra se considera legítima, el ejercicio de la fuerza no queda necesariamente fuera de toda norma.

Esa tensión entre poder y límite convierte a Ki Tetzé en un texto especialmente relevante para estudiar cómo las tradiciones jurídicas y religiosas han intentado responder a una pregunta que continúa abierta: ¿qué obligaciones conserva el ser humano cuando tiene poder sobre su enemigo?

Abel
Abelhttps://lamishna.com
Abel Flores es un periodista e investigador especializado -por más de 20 años- en la intersección entre la historia sagrada y los misterios metafísicos. Su trabajo profundiza en la Mishná, la Biblia y la Kabalá, explorando los códigos, contextos y dimensiones ocultas que conectan la tradición bíblica y rabínica con la evolución espiritual y filosófica del mundo. Combina rigor académico con una mirada crítica y analítica, revelando los vínculos entre teología, religión, poder y conocimiento ancestral.
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