Primera aliyá, Lectura Primera
18:1. Hashem se apareció a él en los encinares de Mamré, mientras estaba sentado a la entrada de la tienda, en el calor del día.
18:2. Alzó los ojos y vio a tres hombres de pie frente a él. Al verlos, corrió desde la entrada de la tienda a recibirlos y se inclinó hacia la tierra.
18:3. Dijo: «Señor mío, si he hallado favor ante tus ojos, te ruego que no pases de largo junto a tu siervo.
18:4. Que se traiga un poco de agua; lávense los pies y descansen bajo el árbol.
18:5. Traeré un bocado de pan para que recobren fuerzas; después podrán seguir su camino, pues por eso han pasado junto a su siervo». Ellos respondieron: «Haz como has dicho».
18:6. Abraham se apresuró a entrar en la tienda donde estaba Sara y dijo: «¡Rápido! Toma tres medidas de flor de harina, amásala y prepara tortas».
18:7. Abraham corrió hacia el ganado, tomó un ternero tierno y bueno y se lo entregó al muchacho, quien se apresuró a prepararlo.
18:8. Tomó cuajada, leche y el ternero que había preparado, y los puso delante de ellos. Él permaneció de pie junto a ellos, bajo el árbol, mientras comían.
18:9. Le preguntaron: «¿Dónde está Sara, tu esposa?». Respondió: «Está en la tienda».
18:10. Y dijo: «Sin falta volveré a ti por este tiempo el año próximo, y Sara, tu esposa, tendrá un hijo». Sara escuchaba a la entrada de la tienda, que estaba detrás de él.
18:11. Abraham y Sara eran ancianos, de edad avanzada; Sara ya había dejado de tener la menstruación.
18:12. Sara se rio para sus adentros, diciendo: «Después de haberme marchitado, ¿tendré placer, siendo también mi señor anciano?».
18:13. Hashem dijo a Abraham: «¿Por qué se ha reído Sara, diciendo: “¿De verdad daré a luz, siendo ya anciana?”.
18:14. ¿Hay algo demasiado extraordinario para Hashem? En el tiempo señalado volveré a ti, por este tiempo el año próximo, y Sara tendrá un hijo».
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Segunda aliyá, Lectura segunda
18:15. Sara lo negó, diciendo: «No me reí», porque tenía miedo. Pero Él dijo: «No; sí te reíste».
18:16. Los hombres se levantaron de allí y dirigieron la mirada hacia Sodoma. Abraham caminaba con ellos para despedirlos.
18:17. Hashem dijo: «¿Acaso ocultaré a Abraham lo que voy a hacer?
18:18. Abraham ciertamente llegará a ser una nación grande y poderosa, y en él serán bendecidas todas las naciones de la tierra.
18:19. Porque lo he escogido para que ordene a sus hijos y a su casa después de él que guarden el camino de Hashem, practicando la rectitud y la justicia, a fin de que Hashem cumpla para Abraham lo que ha dicho acerca de él».
18:20. Hashem dijo: «El clamor de Sodoma y Gomorra es grande, y su pecado es muy grave.
18:21. Descenderé y veré si han actuado enteramente conforme al clamor que ha llegado hasta mí; y, si no, lo sabré».
18:22. Los hombres se volvieron de allí y fueron hacia Sodoma, mientras Abraham permanecía de pie ante Hashem.
18:23. Abraham se acercó y dijo: «¿Acaso destruirás al justo junto con el malvado?
18:24. Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad. ¿También la destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta justos que hay en él?
18:25. ¡Lejos de ti hacer algo así: dar muerte al justo junto con el malvado, de modo que el justo tenga la misma suerte que el malvado! ¡Lejos de ti! ¿Acaso el Juez de toda la tierra no hará justicia?».
18:26. Hashem respondió: «Si encuentro en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo el lugar por ellos».
18:27. Abraham respondió y dijo: «Mira, me he atrevido a hablar a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza.
18:28. Quizá falten cinco para los cincuenta justos. ¿Destruirás toda la ciudad por esos cinco?». Él respondió: «No la destruiré si encuentro allí cuarenta y cinco».
18:29. Volvió a hablarle y dijo: «Quizá se encuentren allí cuarenta». Él respondió: «No lo haré por consideración a los cuarenta».
18:30. Abraham dijo: «Que mi Señor no se enoje, y hablaré. Quizá se encuentren allí treinta». Él respondió: «No lo haré si encuentro allí treinta».
18:31. Dijo: «Mira, me he atrevido a hablar a mi Señor. Quizá se encuentren allí veinte». Él respondió: «No la destruiré por consideración a los veinte».
18:32. Dijo: «Que mi Señor no se enoje; hablaré solo esta vez. Quizá se encuentren allí diez». Él respondió: «No la destruiré por consideración a los diez».
18:33. Hashem se marchó cuando terminó de hablar con Abraham, y Abraham regresó a su lugar.
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Tercera aliyá, Lectura tercera
19:1. Los dos ángeles llegaron a Sodoma al atardecer, mientras Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Al verlos, Lot se levantó para recibirlos y se inclinó rostro a tierra.
19:2. Dijo: «Por favor, señores míos, desvíense hacia la casa de su siervo, pasen la noche y lávense los pies. Por la mañana podrán levantarse temprano y seguir su camino». Ellos respondieron: «No; pasaremos la noche en la plaza».
19:3. Pero él insistió mucho, y ellos se desviaron hacia él y entraron en su casa. Les preparó un banquete, horneó panes sin levadura y comieron.
19:4. Antes de que se acostaran, los hombres de la ciudad, los hombres de Sodoma, rodearon la casa, desde los jóvenes hasta los ancianos, todo el pueblo, sin excepción.
19:5. Llamaron a Lot y le dijeron: «¿Dónde están los hombres que vinieron a ti esta noche? Sácalos para que tengamos relaciones con ellos».
19:6. Lot salió hacia ellos, a la entrada, y cerró la puerta detrás de sí.
19:7. Dijo: «Por favor, hermanos míos, no hagan esta maldad.
19:8. Miren, tengo dos hijas que no han tenido relaciones con ningún hombre. Déjenme sacarlas para ustedes y hagan con ellas lo que les parezca bien. Pero a estos hombres no les hagan nada, pues han venido a refugiarse bajo mi techo».
19:9. Ellos dijeron: «¡Apártate!». Y añadieron: «Este vino como extranjero y ahora pretende ser juez. Ahora te trataremos peor que a ellos». Presionaron con fuerza contra Lot y se acercaron para romper la puerta.
19:10. Pero los hombres extendieron sus manos, metieron a Lot con ellos en la casa y cerraron la puerta.
19:11. A los hombres que estaban a la entrada de la casa los hirieron con ceguera, desde el menor hasta el mayor, de modo que se agotaron tratando de encontrar la entrada.
19:12. Los hombres dijeron a Lot: «¿Tienes aquí a alguien más? Yernos, hijos, hijas y cuantos tengas en la ciudad: sácalos de este lugar.
19:13. Porque vamos a destruir este lugar, pues el clamor contra sus habitantes se ha hecho grande ante Hashem, y Hashem nos ha enviado para destruirlo».
19:14. Lot salió y habló con sus yernos, los que iban a casarse con sus hijas, y dijo: «¡Levántense! ¡Salgan de este lugar, porque Hashem va a destruir la ciudad!». Pero a sus yernos les pareció que bromeaba.
19:15. Cuando despuntó el alba, los ángeles apremiaron a Lot, diciendo: «¡Levántate! Toma a tu esposa y a tus dos hijas que están aquí, para que no seas aniquilado por el castigo de la ciudad».
19:16. Como él se demoraba, los hombres lo tomaron de la mano, junto con su esposa y sus dos hijas, por la compasión de Hashem hacia él. Lo sacaron y lo dejaron fuera de la ciudad.
19:17. Cuando los habían sacado afuera, uno dijo: «¡Huye para salvar tu vida! No mires detrás de ti ni te detengas en ningún lugar de la llanura. Huye hacia la montaña, para que no seas aniquilado».
19:18. Lot les dijo: «Por favor, no, Señor mío.
19:19. Tu siervo ha hallado favor ante tus ojos, y has engrandecido la bondad que has mostrado conmigo al salvar mi vida. Pero no puedo huir hacia la montaña, no sea que me alcance la desgracia y muera.
19:20. Mira, esta ciudad está lo bastante cerca para huir allí, y es pequeña. Permíteme escapar hacia ella —¿acaso no es pequeña?— y así mi vida se salvará».
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Cuarta aliyá, Lectura cuarta
19:21. Él le dijo: «También en esto te concedo lo que pides: no destruiré la ciudad de la que has hablado.
19:22. Apresúrate, huye allí, porque no puedo hacer nada hasta que llegues». Por eso se llamó a aquella ciudad Tzóar.
19:23. El sol había salido sobre la tierra cuando Lot llegó a Tzóar.
19:24. Hashem hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego, de parte de Hashem, desde los cielos.
19:25. Destruyó aquellas ciudades y toda la llanura, a todos los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo.
19:26. La esposa de Lot, que iba detrás de él, miró hacia atrás y se convirtió en una columna de sal.
19:27. Abraham se levantó temprano por la mañana y fue al lugar donde había permanecido de pie ante Hashem.
19:28. Miró hacia Sodoma y Gomorra y hacia toda la tierra de la llanura, y vio que el humo de la tierra subía como el humo de un horno.
19:29. Cuando Dios destruyó las ciudades de la llanura, se acordó de Abraham y sacó a Lot de en medio de la destrucción, al destruir las ciudades donde Lot había habitado.
19:30. Lot subió de Tzóar y se estableció en la montaña con sus dos hijas, porque tenía miedo de permanecer en Tzóar. Habitó en una cueva, él y sus dos hijas.
19:31. La mayor dijo a la menor: «Nuestro padre es anciano, y no hay hombre en la tierra que se una a nosotras, como se acostumbra en toda la tierra.
19:32. Ven, demos vino a nuestro padre y acostémonos con él, para conservar descendencia de nuestro padre».
19:33. Aquella noche dieron vino a su padre. La mayor entró y se acostó con su padre, y él no se dio cuenta de cuándo ella se acostó ni de cuándo se levantó.
19:34. Al día siguiente, la mayor dijo a la menor: «Anoche me acosté con mi padre. Démosle vino también esta noche; entra tú y acuéstate con él, para conservar descendencia de nuestro padre».
19:35. También aquella noche dieron vino a su padre. La menor se levantó y se acostó con él, y él no se dio cuenta de cuándo ella se acostó ni de cuándo se levantó.
19:36. Las dos hijas de Lot quedaron embarazadas de su padre.
19:37. La mayor dio a luz un hijo y lo llamó Moab. Él es el antepasado de los moabitas hasta el día de hoy.
19:38. La menor también dio a luz un hijo y lo llamó Ben Amí. Él es el antepasado de los amonitas hasta el día de hoy.
20:1. Abraham partió de allí hacia la tierra del Néguev y se estableció entre Kadesh y Shur. Residió como extranjero en Guerar.
20:2. Abraham dijo acerca de Sara, su esposa: «Es mi hermana». Entonces Abimélej, rey de Guerar, mandó traer a Sara y la tomó.
20:3. Dios vino a Abimélej en un sueño nocturno y le dijo: «Vas a morir por la mujer que has tomado, pues está casada».
20:4. Abimélej no se había acercado a ella, y dijo: «Señor mío, ¿matarás incluso a una nación inocente?
20:5. ¿Acaso él no me dijo: “Es mi hermana”? Y ella también dijo: “Es mi hermano”. Con integridad de corazón y con manos inocentes he hecho esto».
20:6. Dios le dijo en el sueño: «También yo sé que has hecho esto con integridad de corazón, y yo mismo te he impedido pecar contra mí. Por eso no te permití tocarla.
20:7. Ahora devuelve la esposa de ese hombre, porque él es profeta; orará por ti y vivirás. Pero, si no la devuelves, ten por cierto que morirás, tú y todos los tuyos».
20:8. Abimélej se levantó temprano por la mañana, llamó a todos sus siervos y les contó todas estas cosas. Los hombres sintieron mucho miedo.
20:9. Abimélej llamó a Abraham y le dijo: «¿Qué nos has hecho? ¿En qué he pecado contra ti, para que hayas traído sobre mí y sobre mi reino un pecado tan grande? Has hecho conmigo cosas que no deben hacerse».
20:10. Abimélej dijo a Abraham: «¿Qué viste para hacer esto?».
20:11. Abraham respondió: «Porque pensé: “Seguramente no hay temor de Dios en este lugar, y me matarán por causa de mi esposa”.
20:12. Además, en verdad es mi hermana, hija de mi padre, aunque no hija de mi madre, y llegó a ser mi esposa.
20:13. Cuando Dios me hizo salir errante de la casa de mi padre, le dije: “Esta es la bondad que harás conmigo: en todo lugar al que lleguemos, di acerca de mí: ‘Es mi hermano’”».
20:14. Abimélej tomó ovejas, vacas, siervos y siervas, y se los dio a Abraham. También le devolvió a Sara, su esposa.
20:15. Abimélej dijo: «Mi tierra está ante ti; habita donde te parezca bien».
20:16. A Sara le dijo: «He dado mil piezas de plata a tu hermano. Esto será para ti una reparación ante los ojos de todos los que están contigo; ante todos quedas vindicada».
20:17. Abraham oró a Dios, y Dios sanó a Abimélej, a su esposa y a sus siervas, y pudieron dar a luz.
20:18. Porque Hashem había cerrado por completo toda matriz de la casa de Abimélej por causa de Sara, esposa de Abraham.
21:1. Hashem atendió a Sara como había dicho, e hizo por Sara lo que había prometido.
21:2. Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo señalado del que Dios le había hablado.
21:3. Abraham llamó Itzjak al hijo que le había nacido, al que Sara le había dado a luz.
21:4. Abraham circuncidó a su hijo Itzjak a los ocho días de nacido, tal como Dios le había ordenado.
Quinta aliyá, Lectura quinta
21:5. Abraham tenía cien años cuando le nació su hijo Itzjak.
21:6. Sara dijo: «Dios me ha dado motivo de risa; todo el que lo oiga reirá conmigo».
21:7. Y dijo: «¿Quién habría dicho a Abraham que Sara amamantaría hijos? ¡Pues le he dado un hijo en su vejez!».
21:8. El niño creció y fue destetado. Abraham preparó un gran banquete el día en que Itzjak fue destetado.
21:9. Sara vio al hijo de Hagar, la egipcia, que ella había dado a luz a Abraham, riéndose.
21:10. Entonces dijo a Abraham: «Expulsa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no heredará junto con mi hijo, con Itzjak».
21:11. Aquello afligió mucho a Abraham por tratarse de su hijo.
21:12. Dios dijo a Abraham: «No te aflijas por el muchacho ni por tu sierva. En todo lo que Sara te diga, escucha su voz, porque por medio de Itzjak será reconocida tu descendencia.
21:13. También del hijo de la sierva haré una nación, porque es descendencia tuya».
21:14. Abraham se levantó temprano por la mañana, tomó pan y un odre de agua y se los dio a Hagar, poniéndolos sobre su hombro. Le entregó también al niño y la despidió. Ella se marchó y anduvo errante por el desierto de Beer Sheva.
21:15. Cuando se acabó el agua del odre, dejó al niño debajo de uno de los arbustos.
21:16. Se alejó y se sentó enfrente, a una distancia como de un tiro de arco, porque decía: «No quiero ver morir al niño». Sentada a cierta distancia, alzó la voz y lloró.
21:17. Dios oyó la voz del muchacho, y un ángel de Dios llamó a Hagar desde los cielos y le dijo: «¿Qué te sucede, Hagar? No temas, porque Dios ha escuchado la voz del muchacho allí donde está.
21:18. Levántate, alza al muchacho y sostenlo firmemente con tu mano, porque haré de él una gran nación».
21:19. Dios le abrió los ojos y ella vio un pozo de agua. Fue, llenó el odre de agua y dio de beber al muchacho.
21:20. Dios estuvo con el muchacho, y este creció. Habitó en el desierto y se convirtió en arquero.
21:21. Habitó en el desierto de Parán, y su madre le consiguió una esposa de la tierra de Egipto.
Sexta aliyá, Lectura sexta
21:22. En aquel tiempo, Abimélej y Fijol, jefe de su ejército, dijeron a Abraham: «Dios está contigo en todo lo que haces.
21:23. Ahora, júrame aquí por Dios que no actuarás con falsedad contra mí, ni contra mi hijo ni contra mi nieto. Conforme a la bondad que he mostrado contigo, actuarás conmigo y con la tierra donde has residido como extranjero».
21:24. Abraham respondió: «Lo juraré».
21:25. Abraham reclamó a Abimélej por el pozo de agua del que se habían apoderado los siervos de Abimélej.
21:26. Abimélej respondió: «No sé quién ha hecho esto. Tú tampoco me lo habías dicho, y yo no lo había oído hasta hoy».
21:27. Abraham tomó ovejas y vacas y se las dio a Abimélej, y ambos hicieron un pacto.
21:28. Abraham apartó siete corderas del rebaño.
21:29. Abimélej preguntó a Abraham: «¿Qué significan estas siete corderas que has apartado?».
21:30. Él respondió: «Aceptarás de mi mano estas siete corderas, para que me sirvan de testimonio de que yo cavé este pozo».
21:31. Por eso llamó a aquel lugar Beer Sheva, porque allí ambos prestaron juramento.
21:32. Hicieron un pacto en Beer Sheva. Luego Abimélej y Fijol, jefe de su ejército, se levantaron y regresaron a la tierra de los filisteos.
21:33. Abraham plantó un tamarisco en Beer Sheva e invocó allí el nombre de Hashem, el Dios eterno.
21:34. Abraham residió como extranjero en la tierra de los filisteos durante muchos días.
Séptima aliyá, Lectura séptima
22:1. Después de estas cosas, Dios puso a prueba a Abraham y le dijo: «Abraham». Él respondió: «Aquí estoy».
22:2. Dijo: «Toma, por favor, a tu hijo, a tu único, al que amas, a Itzjak, y ve a la tierra de Moriá. Ofrécelo allí como ofrenda quemada sobre una de las montañas que te indicaré».
22:3. Abraham se levantó temprano por la mañana, ensilló su asno y tomó consigo a dos de sus servidores y a su hijo Itzjak. Cortó la leña para la ofrenda quemada, se levantó y partió hacia el lugar que Dios le había indicado.
22:4. Al tercer día, Abraham alzó los ojos y vio el lugar a lo lejos.
22:5. Abraham dijo a sus servidores: «Quédense aquí con el asno. El muchacho y yo iremos hasta allí, nos postraremos y regresaremos a ustedes».
22:6. Abraham tomó la leña de la ofrenda quemada y la puso sobre su hijo Itzjak. Él tomó en su mano el fuego y el cuchillo, y ambos caminaron juntos.
22:7. Itzjak habló a Abraham, su padre, y dijo: «Padre mío». Él respondió: «Aquí estoy, hijo mío». Entonces dijo: «Aquí están el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para la ofrenda quemada?».
22:8. Abraham respondió: «Dios proveerá para sí el cordero para la ofrenda quemada, hijo mío». Y ambos caminaron juntos.
22:9. Llegaron al lugar que Dios le había indicado. Abraham construyó allí el altar, acomodó la leña, ató a su hijo Itzjak y lo puso sobre el altar, encima de la leña.
22:10. Abraham extendió su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.
22:11. Un ángel de Hashem lo llamó desde los cielos y dijo: «¡Abraham, Abraham!». Él respondió: «Aquí estoy».
22:12. Dijo: «No extiendas tu mano contra el muchacho ni le hagas nada, porque ahora sé que temes a Dios, pues no me has negado a tu hijo, a tu único».
22:13. Abraham alzó los ojos y vio un carnero detrás de él, atrapado por los cuernos en la espesura. Abraham fue, tomó el carnero y lo ofreció como ofrenda quemada en lugar de su hijo.
22:14. Abraham llamó a aquel lugar «Hashem proveerá», como se dice hasta hoy: «En la montaña de Hashem será provisto».
22:15. El ángel de Hashem llamó a Abraham por segunda vez desde los cielos.
22:16. Dijo: «Por mí mismo he jurado —declara Hashem—: porque has hecho esto y no has negado a tu hijo, a tu único,
22:17. ciertamente te bendeciré y multiplicaré abundantemente tu descendencia, como las estrellas de los cielos y como la arena de la orilla del mar. Tu descendencia tomará posesión de la puerta de sus enemigos.
22:18. Por medio de tu descendencia serán bendecidas todas las naciones de la tierra, porque has escuchado mi voz».
22:19. Abraham regresó a sus servidores. Se levantaron y fueron juntos a Beer Sheva, y Abraham permaneció en Beer Sheva.
22:20. Después de estas cosas, se informó a Abraham: «También Milcá ha dado hijos a Najor, tu hermano:
22:21. a Utz, su primogénito; a Buz, su hermano; y a Kemuel, padre de Aram;
22:22. a Késed, a Jazó, a Pildash, a Yidlaf y a Betuel».
22:23. Betuel fue padre de Rivká. Estos ocho hijos dio Milcá a Najor, hermano de Abraham.
22:24. Su concubina, llamada Reumá, también dio a luz a Tévaj, a Gájam, a Tájash y a Maajá.
Maftir de Vayerá
22:20. Después de estas cosas, se informó a Abraham: «También Milcá ha dado hijos a Najor, tu hermano:
22:21. a Utz, su primogénito; a Buz, su hermano; y a Kemuel, padre de Aram;
22:22. a Késed, a Jazó, a Pildash, a Yidlaf y a Betuel».
22:23. Betuel fue padre de Rivká. Estos ocho hijos dio Milcá a Najor, hermano de Abraham.
22:24. Su concubina, llamada Reumá, también dio a luz a Tévaj, a Gájam, a Tájash y a Maajá.
Haftará de Vayerá según la costumbre sefardí — Melajim Bet (II Reyes) 4:1–23
4:1. Una mujer, esposa de uno de los discípulos de los profetas, clamó a Elishá diciendo: «Tu siervo, mi esposo, ha muerto. Tú sabes que tu siervo temía a Hashem, y el acreedor ha venido para llevarse a mis dos hijos como esclavos».
4:2. Elishá le dijo: «¿Qué puedo hacer por ti? Dime, ¿qué tienes en casa?». Ella respondió: «Tu sierva no tiene nada en casa, salvo una vasija de aceite».
4:3. Él dijo: «Ve y pide prestadas vasijas a todos tus vecinos, vasijas vacías; no pidas pocas.
4:4. Luego entra y cierra la puerta detrás de ti y de tus hijos. Vierte el aceite en todas esas vasijas y aparta las que estén llenas».
4:5. Ella se alejó de él y cerró la puerta detrás de sí y de sus hijos. Ellos le acercaban las vasijas y ella vertía el aceite.
4:6. Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a su hijo: «Acércame otra vasija». Él respondió: «No hay más vasijas». Entonces el aceite dejó de fluir.
4:7. Ella fue y se lo contó al hombre de Dios. Él dijo: «Ve, vende el aceite y paga tu deuda. Tú y tus hijos vivirán de lo que quede».
4:8. Un día, Elishá pasó por Shunem. Allí había una mujer distinguida que insistió en que comiera. Desde entonces, cada vez que pasaba por allí, se detenía para comer.
4:9. Ella dijo a su esposo: «Ahora sé que este hombre que pasa siempre por nuestra casa es un santo hombre de Dios.
4:10. Hagamos, por favor, una pequeña habitación en la planta alta, con paredes, y pongamos allí para él una cama, una mesa, una silla y una lámpara. Así, cuando venga a nosotros, podrá alojarse allí».
4:11. Un día, él llegó allí, se retiró a la habitación de arriba y se acostó.
4:12. Dijo a Guejazí, su servidor: «Llama a esta shunamita». Él la llamó y ella se presentó ante él.
4:13. Elishá le dijo a su servidor: «Dile, por favor: “Te has tomado todas estas molestias por nosotros. ¿Qué podemos hacer por ti? ¿Quieres que hablemos en tu favor al rey o al jefe del ejército?”». Ella respondió: «Yo habito en medio de mi pueblo».
4:14. Él preguntó: «¿Qué podemos hacer por ella?». Guejazí respondió: «No tiene hijo, y su esposo es anciano».
4:15. Él dijo: «Llámala». La llamó y ella se quedó en la entrada.
4:16. Elishá dijo: «Por este tiempo, el año próximo, abrazarás a un hijo». Ella respondió: «No, señor mío, hombre de Dios; no engañes a tu sierva».
4:17. La mujer concibió y dio a luz un hijo por aquel tiempo, al año siguiente, tal como Elishá le había dicho.
4:18. El niño creció. Un día salió hacia donde estaba su padre, con los segadores.
4:19. Dijo a su padre: «¡Mi cabeza, mi cabeza!». Su padre dijo al servidor: «Llévalo con su madre».
4:20. Él lo levantó y lo llevó con su madre. El niño permaneció sobre las rodillas de ella hasta el mediodía y murió.
4:21. Ella subió, lo acostó sobre la cama del hombre de Dios, cerró la puerta y salió.
4:22. Llamó a su esposo y dijo: «Envíame, por favor, a uno de los servidores y una de las asnas, para que vaya rápidamente al hombre de Dios y regrese».
4:23. Él preguntó: «¿Por qué vas a verlo hoy? No es luna nueva ni Shabat». Ella respondió: «Todo está bien».
