La afirmación de que Eretz Israel (ארץ ישראל), la Tierra de Israel, no fue inundada por las aguas del Diluvio de Noaj no aparece formulada directamente en el libro de Génesis. Se trata de una antigua tradición interpretativa del judaísmo rabínico, basada principalmente en Ezequiel 22:24, desarrollada en Bereshit Rabbah y discutida extensamente en el Talmud Bavlí, Zevajim 113a–b.
Sin embargo, existe un detalle fundamental: los propios jajamim discrepan sobre esta cuestión. Rabí Yojanán sostiene que el Mabul no descendió sobre Eretz Israel, mientras que Reish Lakish afirma que sí.
Por ello, la pregunta no es simplemente si Israel quedó fuera del Diluvio, sino qué dicen exactamente las fuentes rabínicas y qué significado teológico puede tener esta tradición.
Génesis describe un Diluvio aparentemente universal
La Torá presenta el Mabul o Diluvio de Noaj en términos que parecen universales. Génesis 7:19 señala que las aguas crecieron sobre la tierra hasta cubrir las montañas altas, mientras que Génesis 7:22 afirma que todo aquello que tenía aliento de vida y se encontraba en tierra seca murió.
Desde el peshat, el sentido llano del texto, Génesis no menciona explícitamente una excepción para Eretz Israel.
Este punto resulta esencial: la idea de que la Tierra de Israel no fue inundada pertenece a la interpretación rabínica posterior, no a una afirmación explícita del relato de Génesis.
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Ezequiel 22:24: la fuente de la tradición
La discusión rabínica parte de un enigmático versículo de Ezequiel:
בֶּן־אָדָם אֱמָר־לָהּ אַתְּ אֶרֶץ לֹא מְטֹהָרָה הִיא לֹא גֻשְׁמָהּ בְּיוֹם זָעַם
“Hijo de hombre, dile: tú eres una tierra no purificada, sobre la cual no llovió en el día de la indignación.”
La expresión decisiva es לֹא גֻשְׁמָהּ בְּיוֹם זָעַם — lo gushmah beyom za’am, que puede entenderse como “no recibió lluvia en el día de la ira”.
En su contexto, Ezequiel denuncia los pecados de Jerusalén y Judá. Sin embargo, los jajamim relacionaron ese misterioso “día de la ira” con el Diluvio de Noaj.
De esta interpretación nace la controversia.
Rabí Yojanán: el Mabul no descendió sobre Eretz Israel
El Talmud, en Zevajim 113a, recoge una disputa entre Rabí Yojanán y Reish Lakish.
Según la interpretación de Rabí Yojanán, Ezequiel 22:24 indica que las lluvias del Mabul no cayeron sobre la Tierra de Israel. El principio se resume en la expresión:
לא ירד מבול לארץ ישראל
“El Diluvio no descendió sobre Eretz Israel.”
Esta es una de las principales fuentes rabínicas de la tradición según la cual Eretz Israel no fue directamente inundada durante el Mabul.
Reish Lakish sostiene que el Diluvio sí llegó a Israel
La tradición rabínica, sin embargo, no es unánime.
Reish Lakish interpreta el mismo pasaje de Ezequiel de forma diferente y sostiene:
ירד מבול לארץ ישראל
“El Diluvio descendió sobre Eretz Israel.”
Por tanto, no sería preciso afirmar que “según el judaísmo, Israel no sufrió el Diluvio”.
La formulación más adecuada sería que existe una importante tradición rabínica, representada por Rabí Yojanán y distintos midrashim, según la cual las aguas del Mabul no descendieron directamente sobre Eretz Israel.
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La hoja de olivo de la paloma y Eretz Israel
La discusión adquiere otra dimensión con uno de los episodios más conocidos del relato de Noaj.
Génesis 8:11 cuenta que la paloma regresó al arca con una hoja de olivo recién arrancada. Esto plantea una pregunta: ¿de dónde obtuvo una hoja fresca si el mundo vegetal había sido devastado por el Diluvio?
Bereshit Rabbah conserva varias respuestas. Una tradición sostiene que la paloma llevó la hoja desde Eretz Israel.
Rabí Levi va más lejos y la relaciona con el Monte de los Olivos, argumentando que la Tierra de Israel no había sido inundada durante el Mabul.
La tradición establece así una poderosa relación:
Mabul → Eretz Israel preservada de la inundación → Monte de los Olivos → paloma → hoja de olivo.
Desde esta lectura midráshica, la hoja no sería solamente una señal de que las aguas estaban retrocediendo. También podría representar un vestigio procedente de una tierra que no había quedado sumergida.
Shir HaShirim Rabbah conserva una tradición similar
La misma idea aparece en Shir HaShirim Rabbah 1:15, donde vuelve a plantearse de dónde obtuvo la paloma la hoja de olivo.
La tradición atribuida a Rabí Levi sostiene:
ארץ ישראל לא לקתה במי המבול
“Eretz Israel no fue golpeada por las aguas del Diluvio.”
Una vez más, Ezequiel 22:24 sirve como fundamento interpretativo.
La tradición, por tanto, no aparece de manera aislada, sino que puede seguirse a través de Bereshit Rabbah, Shir HaShirim Rabbah y el Talmud Bavlí.
No ser inundada no significa no haber sido afectada
Esta distinción es probablemente la más importante para comprender la discusión.
Según la explicación talmúdica vinculada a Rabí Yojanán, las aguas no descendieron directamente sobre Eretz Israel. Pero eso no significa que sus habitantes necesariamente sobrevivieran al Diluvio.
Reish Lakish plantea precisamente esta dificultad: si Génesis afirma que todo ser vivo que se encontraba en tierra seca murió, ¿cómo pudieron morir quienes estaban en Eretz Israel si el Mabul no cayó allí?
La respuesta talmúdica es:
משום הבלא — mishum havla
Es decir, “a causa del calor” o del “vapor”.
Según esta interpretación, aunque las aguas del Diluvio no hubieran cubierto directamente Eretz Israel, su efecto destructivo habría alcanzado también a quienes se encontraban allí.
Por eso, afirmar que “Israel no fue afectada por el Mabul” sería impreciso.
La idea es mucho más específica: la tierra no habría sido directamente inundada, pero el juicio del Mabul podía alcanzar a los seres vivos por otros medios.
¿Podía alguien escapar del Diluvio refugiándose en Eretz Israel?
Esta interpretación también responde a una dificultad evidente.
Si la Tierra de Israel hubiese funcionado simplemente como una zona segura, podría parecer innecesaria la construcción de la Tevá de Noaj, el arca. Bastaría con trasladarse a ese territorio.
La explicación de la Gemará evita esa conclusión: la excepcionalidad corresponde principalmente a la tierra y no necesariamente a sus habitantes.
Eretz Israel podía permanecer sin ser cubierta por las aguas y, al mismo tiempo, quienes estaban sometidos al juicio podían morir por los efectos destructivos asociados al Mabul.
¿Por qué habría sido preservada Eretz Israel?
Las fuentes citadas se concentran principalmente en establecer si Eretz Israel fue inundada. No ofrecen una explicación única y explícita acerca de por qué Dios habría preservado específicamente ese territorio.
Sin embargo, dentro de la concepción bíblica y rabínica de la Tierra de Israel puede observarse una posible lógica teológica.
Deuteronomio 11:12 describe Eretz Israel como:
אֶרֶץ אֲשֶׁר־יְהוָה אֱלֹהֶיךָ דֹּרֵשׁ אֹתָהּ
“Una tierra de la cual YHWH tu Dios se ocupa.”
La concepción permite interpretar que la singularidad de Eretz Israel antecede incluso a la historia del pueblo de Israel.
Desde esta perspectiva, su santidad no comenzaría con la conquista israelita. Israel recibiría una tierra que ya poseía un lugar particular dentro del orden de la creación.
El Mabul como des-creación
El relato del Diluvio puede entenderse también como una inversión del proceso creador.
En Génesis 1, Dios establece límites entre las aguas superiores, las aguas inferiores y la tierra seca. Durante el Mabul, esas fronteras vuelven a romperse: se abren las fuentes del gran abismo y las compuertas de los cielos.
El proceso puede expresarse así:
Creación → corrupción humana → des-creación → nueva creación.
Dentro de esta lectura, si Eretz Israel permanece sin ser cubierta por las aguas, podría entenderse simbólicamente como un remanente territorial del orden creado.
Esta explicación no aparece formulada de ese modo en Zevajim o Bereshit Rabbah. Se trata de una interpretación teológica construida a partir de la representación rabínica de la singularidad de la tierra.
Adam, Jerusalén y la santidad primordial de la tierra
La literatura rabínica también relaciona el lugar del futuro Templo con la creación de Adam y con el origen del mundo.
Surge así una secuencia simbólica:
Creación → Adam → lugar sagrado → Eretz Israel → Jerusalén → Templo.
Desde esta perspectiva, la idea de que la tierra sagrada no quedó sumergida durante la “des-creación” representada por el Mabul adquiere una dimensión teológica especialmente profunda.
No debe presentarse como la explicación explícita de Zevajim 113a–b, sino como una lectura posible a partir del conjunto de tradiciones rabínicas sobre la santidad primordial de Eretz Israel.
¿Qué ocurre con “todos los montes debajo de todos los cielos”?
Existe todavía una dificultad textual.
Génesis 7:19 afirma que fueron cubiertos “todos los montes altos que estaban debajo de todos los cielos”. ¿Cómo puede conciliarse esta declaración con la opinión de Rabí Yojanán?
Los Tosafot en Zevajim abordan precisamente este problema.
Una de las distinciones discutidas permite separar el alcance físico de las aguas del alcance del הבל המבול — hevel haMabul, es decir, el calor, vapor o efecto destructivo asociado al Diluvio.
De esta forma pueden coexistir tres ideas: Eretz Israel no recibió directamente las aguas, el poder destructivo del Mabul sí pudo alcanzar la región y la descripción universal de la destrucción conserva su sentido.
El Mabul y la pureza ritual
La discusión aparece en Zevajim, tratado dedicado al servicio sacrificial, porque también tiene consecuencias relacionadas con la tum’ah, la impureza ritual producida por los cadáveres.
Una de las cuestiones consiste en determinar si habría que sospechar de la existencia, bajo el suelo de Eretz Israel, de restos humanos desconocidos procedentes de la generación del Mabul.
Esto muestra que la discusión rabínica no surgió como una teoría geográfica moderna sobre el Diluvio.
Forma parte de una reflexión que relaciona:
Mabul → muerte → cadáveres → tum’ah → tierra → Jerusalén → servicio sagrado.
¿Cómo pudo sobrevivir la vegetación?
La hoja de olivo vuelve a desempeñar aquí un papel fundamental.
Si se adopta la posición de Rabí Yojanán y la tradición recogida en Bereshit Rabbah, la secuencia resulta coherente: Eretz Israel no quedó cubierta por las aguas, parte de la vegetación pudo permanecer y la paloma encontró allí la hoja de olivo.
Por eso una tradición llega a identificar su procedencia con Har HaZeitim (הר הזיתים), el Monte de los Olivos.
Sin embargo, el Midrash también conserva otra explicación: la paloma habría obtenido la hoja cuando se abrieron las puertas del Gan Eden.
La coexistencia de ambas interpretaciones recuerda que el Midrash conserva múltiples tradiciones y no pretende necesariamente ofrecer una única reconstrucción histórica.
¿Significa que ninguna gota del Diluvio entró en Israel?
La expresión talmúdica לא ירד מבול לארץ ישראל significa literalmente que “el Mabul no descendió sobre Eretz Israel”.
Esto no obliga necesariamente a imaginar una barrera física que impidiera que cualquier cantidad de agua llegara al territorio.
Las fuentes antiguas no ofrecen una descripción hidrológica detallada. La discusión se concentra en si el Diluvio cayó allí de la misma manera que en otras regiones y cuáles fueron sus efectos.
Por ello, no resulta adecuado construir una geografía física detallada del Mabul a partir de una afirmación aggádica.
Eretz Israel: la tierra preservada y el juicio sobre sus habitantes
La distinción entre la tierra y sus habitantes permite comprender mejor el significado teológico de esta tradición.
El Mabul representa el juicio sobre una humanidad corrompida. Eretz Israel, en cambio, aparece en determinadas fuentes como un territorio cuyo significado sagrado forma parte del propio orden de la creación.
De esta manera pueden distinguirse dos realidades:
el juicio sobre quienes habitan la tierra y el estatus particular de la tierra misma.
Esta estructura encuentra un interesante paralelo en Levítico 18, donde la tierra puede ser contaminada por las acciones humanas y “vomitar” a sus habitantes.
El habitante puede corromperse y ser expulsado, mientras que la tierra conserva su identidad.
La paradoja de Ezequiel 22
Existe finalmente una significativa ironía en la utilización de Ezequiel 22:24.
El versículo empleado por los jajamim para discutir si Eretz Israel recibió las aguas del Mabul pertenece a un capítulo que contiene una severa denuncia contra Jerusalén por violencia, corrupción, injusticia y derramamiento de sangre.
Esto impide interpretar la tradición como una garantía automática de inmunidad.
La santidad de Eretz Israel, dentro de esta lectura, implica también responsabilidad. El territorio puede poseer un estatus particular sin que sus habitantes queden exentos del juicio por sus acciones.
Conclusión: ¿el Diluvio de Noaj llegó a Eretz Israel?
La tradición según la cual Eretz Israel no fue inundada por el Mabul posee raíces antiguas en la literatura rabínica y se encuentra vinculada especialmente con Ezequiel 22:24, Bereshit Rabbah, Shir HaShirim Rabbah y Zevajim 113a–b.
Pero las fuentes conservan una discusión real.
Rabí Yojanán sostiene que las aguas del Mabul no descendieron sobre Eretz Israel, mientras que Reish Lakish afirma que sí lo hicieron. Algunas tradiciones midráshicas siguen la primera interpretación y llegan a relacionarla con la hoja de olivo llevada por la paloma desde la Tierra de Israel.
Además, incluso según Rabí Yojanán, que las aguas no inundaran directamente Eretz Israel no significa que sus habitantes quedaran necesariamente fuera del juicio. El Talmud explica que el efecto destructivo del Mabul podía alcanzarlos mediante el hevel, entendido como calor o vapor.
Así emerge una idea más compleja: Eretz Israel podía ser preservada como tierra sin que quienes vivían sobre ella fueran automáticamente preservados.
Dentro de esta tradición, la singularidad de la Tierra de Israel antecedería a Abraham, al Sinaí y a la conquista de Canaán. La discusión sobre el Mabul se convierte entonces no solo en una cuestión sobre las aguas del Diluvio, sino también en una reflexión sobre la santidad primordial de Eretz Israel y su lugar dentro del orden de la creación.
