Los cuatro verbos hebreos de la Creación: Bará, Asá, Yatzar y Baná
La Creación que las traducciones no pueden mostrar completamente
Cuando leemos la historia de la Creación en español, encontramos que Dios «creó», «hizo» o «formó» el mundo. Estas palabras comunican el sentido general, pero no reproducen toda la riqueza del texto hebreo. La Torá no describe la actividad creadora mediante un solo verbo. Utiliza diferentes términos para revelar aspectos particulares de la obra divina.
Los cuatro verbos hebreos de la Creación que analizaremos son:
- בָּרָא — Bará: crear una realidad nueva.
- עָשָׂה — Asá: hacer, realizar o completar.
- יָצַר — Yatzar: formar o modelar.
- בָּנָה — Baná: construir de acuerdo con una estructura.
Estos verbos no representan necesariamente cuatro etapas cronológicas rígidas. Más bien, muestran cuatro dimensiones complementarias de la Creación: origen, realización, formación y construcción.
También conviene precisar que no todos aparecen dentro de la narración de los seis días. Bará y asá predominan en Bereshit 1. En cambio, yatzar y baná aparecen en Bereshit 2, cuando la Torá amplía la descripción de la creación del ser humano.
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La palabra divina y el orden de la Creación
El mecanismo general que envuelve la Creación es la palabra divina:
וַיֹּאמֶר אֱלֹהִים
Vayómer Elohim
«Y dijo Dios».
Dios habla, la naturaleza responde y la existencia adquiere orden. Dentro de ese proceso, la Torá distingue entre crear, hacer, formar y construir.
Aquí comienza la importancia del hebreo bíblico. Una traducción puede acercarnos al mensaje. Sin embargo, el idioma original permite contemplar las raíces, repeticiones, juegos de palabras y diferencias gramaticales escogidas por la Torá.
Estudiar hebreo bíblico no consiste únicamente en aprender otro idioma. También significa aproximarse a la arquitectura interior de las Escrituras.
Desde la perspectiva hebrea, la letra y el espíritu no deben separarse. El espíritu del texto se manifiesta mediante sus palabras, letras y estructuras. Por eso, para acercarnos a la profundidad espiritual de la Torá debemos escucharla, hasta donde sea posible, en la lengua en la que fue transmitida.
בָּרָא — Bará: crear una realidad nueva
La primera acción divina mencionada por la Torá es:
בְּרֵאשִׁית בָּרָא אֱלֹהִים
Bereshit bará Elohim
«En el principio creó Dios».
—Bereshit 1:1
Bará es una forma de la raíz ברא. En el contexto de la Creación, señala la iniciativa soberana de Dios mediante la cual comienza una realidad nueva.
El término aparece en momentos decisivos. Lo encontramos en la creación de los cielos y la tierra en Bereshit 1:1, en la creación de los grandes seres marinos en Bereshit 1:21 y en la creación del ser humano a imagen de Dios en Bereshit 1:27.
En este último pasaje, la raíz aparece tres veces:
וַיִּבְרָא אֱלֹהִים אֶת־הָאָדָם בְּצַלְמוֹ
בְּצֶלֶם אֱלֹהִים בָּרָא אֹתוֹ
זָכָר וּנְקֵבָה בָּרָא אֹתָם
Vayivrá Elohim et-haadam betzalmó; betzélem Elohim bará otó; zajar unekevá bará otam.
«Y creó Dios al ser humano a Su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y mujer los creó».
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La triple repetición de Bará
Esta triple repetición no se percibe con la misma intensidad en una lectura apresurada de la traducción. En hebreo, el oído recibe tres veces el sonido de ברא. De este modo, la Torá parece detener al lector ante la singularidad humana.
Najmánides, Rambán, interpreta la creación inicial como יֵשׁ מֵאַיִן — yesh meáyin, «algo a partir de la nada». Según su explicación, Dios originó una materia primordial y después organizó las distintas realidades del mundo a partir de ella.
Conviene, sin embargo, diferenciar el significado lingüístico de la interpretación teológica. El verbo bará no significa automáticamente «crear de la nada» en cada aparición. En Bereshit 1 señala una acción creadora divina y no menciona materia preexistente. La idea de yesh meáyin, por su parte, surge de la interpretación del pasaje completo.
La enseñanza espiritual de Bará
Bará representa la capacidad divina de introducir novedad donde antes no la había. Aplicado a la vida humana, recuerda que Dios puede abrir posibilidades donde nosotros solamente vemos vacío, confusión o imposibilidad.
Esto no significa que el ser humano pueda crear de manera absoluta como Dios. Por haber sido creado a imagen divina, puede imaginar, iniciar y producir realidades que antes no existían en su experiencia. Una obra, una relación restaurada, una enseñanza o una transformación moral son algunos ejemplos.
Aquí se aprecia la importancia del hebreo. Una traducción puede decir «crear», mientras que el texto original permite reconocer dónde aparece específicamente ברא y dónde la Torá escoge otro verbo.
עָשָׂה — Asá: hacer, realizar y completar
El segundo de los cuatro verbos hebreos de la Creación es עָשָׂה, asá. Su significado básico es «hacer», «realizar», «producir» o «llevar a término».
En la narración aparece frecuentemente como:
וַיַּעַשׂ — vayá’as
«Y Él hizo».
Por ejemplo, Dios «hace» el firmamento:
וַיַּעַשׂ אֱלֹהִים אֶת־הָרָקִיעַ
Vayá’as Elohim et-harakía.
—Bereshit 1:7
Más adelante, el mismo verbo describe la acción relacionada con las luminarias:
וַיַּעַשׂ אֱלֹהִים אֶת־שְׁנֵי הַמְּאֹרֹת הַגְּדֹלִים
Vayá’as Elohim et-shené hameorot haguedolim.
—Bereshit 1:16
También aparece al hablar de los animales terrestres:
וַיַּעַשׂ אֱלֹהִים אֶת־חַיַּת הָאָרֶץ
Vayá’as Elohim et-jayat haáretz.
—Bereshit 1:25
Finalmente, al concluir el sexto día leemos:
וַיַּרְא אֱלֹהִים אֶת־כָּל־אֲשֶׁר עָשָׂה
«Y vio Dios todo lo que había hecho».
—Bereshit 1:31
La relación entre Bará y Asá
Bará dirige nuestra atención hacia el origen de una realidad nueva. Asá, en cambio, contempla su realización, organización y funcionamiento. No obstante, ambos verbos se superponen en determinados contextos. Por esta razón, no deben convertirse en categorías demasiado rígidas.
La relación entre los dos aparece condensada en una expresión fundamental:
אֲשֶׁר בָּרָא אֱלֹהִים לַעֲשׂוֹת
Asher bará Elohim la’asot
«Que Dios creó para hacer».
—Bereshit 2:3
Dios «creó para hacer». La Creación posee procesos que continúan desarrollándose. Las plantas producen semillas, los animales se reproducen y el ser humano trabaja la tierra. Así, el mundo fue creado con posibilidades destinadas a convertirse en actos.
Asá, osé y la’asot
Conviene distinguir tres formas:
- עָשָׂה — asá: hizo.
- עֹשֶׂה — osé: hace, está haciendo o hacedor.
- לַעֲשׂוֹת — la’asot: hacer.
En español pueden traducirse mediante palabras semejantes, aunque en hebreo desempeñan funciones gramaticales distintas.
La enseñanza espiritual de Asá
No basta con imaginar el bien; es necesario realizarlo. Bará puede representar el nacimiento de una intención. Asá, por su parte, exige convertirla en conducta.
La espiritualidad hebrea no permanece únicamente en el pensamiento. Desciende al acto, la mitzvá, la justicia y la santificación de la vida cotidiana.
יָצַר — Yatzar: formar al ser humano desde la tierra
Cuando la Torá amplía la creación de Adam, introduce otro verbo:
וַיִּיצֶר יְהוָה אֱלֹהִים אֶת־הָאָדָם עָפָר מִן־הָאֲדָמָה
Vayítzer Adonai Elohim et-haadam, afar min-haadamá.
«Y formó el Eterno Dios al ser humano del polvo de la tierra».
—Bereshit 2:7
La raíz יצר, yatzar, significa «formar», «moldear» o «modelar». Evoca el trabajo de un alfarero que toma una materia y le concede una forma determinada.
La forma verbal del versículo es וַיִּיצֶר, vayítzer, «y formó». Yetzirá, יְצִירָה, es el sustantivo relacionado y significa «formación».
A diferencia de bará, el versículo menciona expresamente el material:
עָפָר מִן־הָאֲדָמָה
Afar min-haadamá
«Polvo de la tierra».
Adam, adamá y el polvo de la tierra
El hebreo presenta una relación sonora y conceptual entre:
- אָדָם — Adam: ser humano.
- אֲדָמָה — Adamá: tierra o suelo.
- דָּם — Dam: sangre, aunque no debe afirmarse que necesariamente proceda de la misma raíz.
Adam procede de la adamá. El hombre posee una vocación elevada, pero su cuerpo pertenece a la tierra. La Torá mantiene presentes ambas dimensiones.
Después de formar el cuerpo, Dios realiza otra acción:
וַיִּפַּח בְּאַפָּיו נִשְׁמַת חַיִּים
Vayipaj beapav nishmat jayim
«E insufló en sus narices aliento de vida».
El ser humano es polvo modelado y aliento recibido. Sin el polvo no puede vivir en este mundo; sin el aliento divino pierde conciencia de su vocación espiritual.
Las dos letras yod de Vayítzer
En Bereshit 2:7, וַיִּיצֶר está escrito con dos letras yod. En Bereshit 2:19, cuando se habla de los animales, וַיִּצֶר aparece con una sola.
Los sabios desarrollaron distintas interpretaciones sobre esta particularidad. Una de ellas señala que el hombre posee yetzer hatov y yetzer hará: inclinación al bien e inclinación al mal. Otra interpretación lo vincula con este mundo y con el mundo futuro. También se ha relacionado con su dimensión corporal y espiritual.
Estas explicaciones pertenecen al derash rabínico y no al significado gramatical básico. Sin embargo, nacen de una observación minuciosa de la escritura hebrea.
Ninguna traducción puede reproducir completamente la relación entre Adam y adamá ni mostrar la diferencia entre las dos letras yod y una sola. Una letra aparentemente pequeña puede, de este modo, abrir una reflexión sobre la complejidad moral del ser humano.
בָּנָה — Baná: Dios construye a la mujer
Para describir la formación de la mujer, la Torá no emplea bará, asá ni yatzar. Utiliza el verbo בנה, baná, «construir»:
וַיִּבֶן יְהוָה אֱלֹהִים אֶת־הַצֵּלָע אֲשֶׁר־לָקַח מִן־הָאָדָם לְאִשָּׁה
Vayíven Adonai Elohim et-hatzelá asher lakaj min-haadam leishá.
«Y construyó el Eterno Dios el costado que había tomado del hombre como mujer».
—Bereshit 2:22
La forma וַיִּבֶן, vayíven, significa literalmente «y construyó». Muchas traducciones dicen sencillamente que Dios «hizo» una mujer. Al hacerlo, desaparece la elección particular del verbo.
Construir no significa solamente producir. Supone organizar componentes de acuerdo con un diseño. Una construcción posee estructura, proporción, estabilidad y finalidad.
Tzelá: costilla, costado o lado
El término צֵלָע, tzelá, traducido tradicionalmente como «costilla», también puede significar «costado» o «lado». La imagen puede comunicar que la mujer no fue tomada de un elemento ajeno al hombre, sino de su propio costado. Ambos comparten una misma humanidad y están llamados a encontrarse frente a frente.
La raíz בנה aparece relacionada con otras palabras:
- בִּנְיָן — binyán: construcción o edificio.
- בּוֹנֶה — boné: constructor.
- בָּנָה — baná: construyó.
Baná y Biná en la interpretación rabínica
La tradición rabínica relacionó, mediante el derash, וַיִּבֶן, «construyó», con בִּינָה, biná, «entendimiento» o «discernimiento». El Talmud desarrolla a partir de ello la enseñanza de una biná yeterá, una capacidad adicional de discernimiento concedida a la mujer.
Esta relación no debe presentarse como una definición etimológica simple. Se trata de una interpretación rabínica construida sobre la proximidad lingüística y conceptual de los términos.
La enseñanza espiritual de Baná
Las relaciones humanas no aparecen terminadas automáticamente: deben construirse. El matrimonio, la familia y la comunidad requieren estructura, fidelidad, discernimiento y trabajo constante.
La mujer no es presentada como un añadido accidental. La Torá escoge el vocabulario de la construcción para describir el surgimiento de la realidad relacional y familiar.
Si solamente leemos «Dios hizo una mujer», perdemos la imagen del constructor. El verbo בנה transforma la lectura: la mujer es «construida» y, por medio de ella, comienza la construcción de la casa humana.
Bará, Asá, Yatzar y Baná: cuatro dimensiones de la Creación
Los cuatro verbos hebreos de la Creación pueden contemplarse como una secuencia conceptual:
- Bará: Dios origina una realidad nueva.
- Asá: la realiza y dispone para cumplir su función.
- Yatzar: le concede una forma concreta.
- Baná: organiza sus componentes dentro de una estructura.
Podemos expresarlo de manera sencilla:
Bará inicia; asá realiza; yatzar modela; baná construye.
No se trata necesariamente de cuatro actos separados. Una misma obra divina puede ser «creada», «hecha», «formada» y «construida» según el aspecto que la Torá desea destacar.
La palabra divina precede a la acción
La palabra divina rodea todo el proceso:
יְהִי אוֹר וַיְהִי־אוֹר
Yehí or, vayehí or
«Sea la luz, y fue la luz».
—Bereshit 1:3
Antes del acto aparece el mandato. Dios habla y la realidad responde. Pirkei Avot 5:1 enseña:
בַּעֲשָׂרָה מַאֲמָרוֹת נִבְרָא הָעוֹלָם
Ba’asará maamarot nivrá haolam
«Con diez declaraciones fue creado el mundo».
Por tanto, los cuatro verbos describen dimensiones de la obra creadora. Amar, «decir», expresa la autoridad mediante la cual Dios convoca al mundo a la existencia y al orden.
Los verbos de la Creación en Isaías
También encontramos tres de estas raíces reunidas en Isaías 43:7:
בְּרָאתִיו יְצַרְתִּיו אַף־עֲשִׂיתִיו
Berativ, yetzartiv, af asitiv
«Lo he creado, lo he formado y también lo he hecho».
La Kabalá relacionó estas expresiones con Beriá, Yetzirá y Asiyá, tres de los cuatro mundos espirituales. El cuarto es Atzilut, el mundo de la emanación.
Sin embargo, Atzilut no debe identificarse con baná. Los cuatro mundos de la Kabalá y los cuatro verbos de Bereshit son esquemas relacionados, pero no idénticos.
La perspectiva hebrea: el espíritu se manifiesta mediante la letra
Estudiar la Torá en hebreo no significa despreciar las traducciones. Estas son indispensables para quien todavía no domina la lengua original. El problema aparece cuando olvidamos que toda traducción toma decisiones: escoge una palabra, descarta otras posibilidades y puede ocultar asociaciones presentes en el original.
En español podemos leer que Dios creó los cielos, hizo el firmamento, formó al hombre e hizo a la mujer.
El hebreo, en cambio, permite escuchar:
- בָּרָא — bará: creó una realidad nueva.
- עָשָׂה — asá: hizo y realizó.
- יָצַר — yatzar: modeló como un artesano.
- בָּנָה — baná: construyó de acuerdo con un diseño.
La diferencia no es decorativa. Modifica nuestra comprensión de Dios, del mundo y del ser humano.
Lo que descubrimos al estudiar el hebreo original
El hebreo permite observar elementos que pueden pasar desapercibidos en una traducción:
- La repetición triple de ברא en Bereshit 1:27.
- La unión entre ברא y עשה en «creó para hacer».
- La diferencia ortográfica entre la formación del hombre y la de los animales.
- La relación entre Adam y adamá.
- El uso particular de baná para la mujer.
- La conexión interpretativa entre vayíven, binyán y biná.
- La relación entre los verbos de Bereshit y los niveles de Beriá, Yetzirá y Asiyá.
- El ritmo entre yehí or y vayehí or: «Sea la luz, y fue la luz».
Lashón hakódesh: la lengua sagrada
La tradición judía llama al hebreo לְשׁוֹן הַקֹּדֶשׁ — lashón hakódesh, «la lengua sagrada». Esto no significa que conocer vocabulario produzca automáticamente espiritualidad. Es necesario unir el estudio lingüístico con reverencia, contexto, tradición interpretativa, oración y obediencia.
La verdadera conexión con «el espíritu de la letra» no consiste en inventar significados secretos para cada palabra. Consiste en permitir que las letras reales, su gramática y sus raíces corrijan nuestras ideas preconcebidas.
La perspectiva hebrea invita a leer lentamente. Una letra adicional, un cambio de raíz o una repetición pueden convertirse en puertas de interpretación. La Torá no debe leerse únicamente para saber qué ocurrió. También debemos prestar atención a la manera en que decidió comunicarlo.
Conclusión: regresar al idioma de Bereshit
La Creación no aparece en la Torá como un acto uniforme. El hebreo presenta una obra llena de dimensiones: Dios crea —bará—, hace —asá—, forma —yatzar— y construye —baná—. Además, Dios habla y Su palabra comunica orden y existencia.
Cada verbo aporta una enseñanza diferente.
Bará proclama que toda existencia depende de la iniciativa divina. Asá enseña que el propósito debe convertirse en realización. Por su parte, Yatzar muestra que el ser humano fue cuidadosamente formado, uniendo polvo y aliento. Finalmente, Baná revela que la vida humana, las relaciones y la familia necesitan estructura y construcción.
Los cuatro verbos como modelo para nuestra vida
Estos cuatro verbos hebreos también presentan un modelo para nuestra propia vida. Primero concebimos una posibilidad; después actuamos; luego le damos forma y, finalmente, construimos algo capaz de permanecer.
Como portadores de la imagen divina, no poseemos el poder creador absoluto de Dios. Sin embargo, tenemos la responsabilidad de colaborar en el cuidado, desarrollo y santificación del mundo.
La gran enseñanza es que no basta con leer lo que una traducción dice; debemos procurar escuchar lo que la Torá realmente expresa. Las traducciones nos conducen hasta la puerta, pero el hebreo nos permite entrar más profundamente.
Estudiar Bereshit en hebreo permite descubrir que Adam procede de la adamá, que el hombre fue yatzar mientras la mujer fue baná y que Dios bará una realidad destinada la’asot, a continuar siendo realizada. Asimismo, cada acto creador responde a una palabra divina.
Conectarse espiritualmente con la Torá significa acercarse con reverencia a sus palabras originales. No debemos separar el espíritu de la letra, porque en la tradición hebrea el espíritu se comunica a través de letras precisas.
En español o inglés comprendemos que Dios creó el mundo. En hebreo comenzamos a descubrir cómo lo creó, cómo lo formó, cómo lo estructuró y qué responsabilidad depositó en nosotros dentro de Su Creación.
